miércoles, 19 de noviembre de 2014

Maldeojos. Escucha, Bonilla



Escucha, Bonilla
(Artículo publicado el martes, 18 de noviembre, en diarios de EPI PRESS)

      Pierde uno la cuenta de las veces que Nadia de Santiago, es decir, Asun en Amar es para siempre, dice, escucha, Bonilla, mira, Bonilla, no puedo más, Bonilla, no, Bonilla, oye, Bonilla, al detective Bonilla, es decir, a Federico Aguado. Ese hilo de la trama, el de Nadia y sus pucheros, que lo mismo le servían para reír que para llorar, con la salida de Javier Collado, el también detective Héctor Perea, era tontorrón. Tanto es así que Asun ha cogido a su hijito Jesús, ha hecho las maletas, y los han mandando a Suiza, yo creo que para siempre. Qué mal llora esta mujer, y qué mal pronuncia la señora, que en vez de paladear las sílabas las dispara en un aturullado soniquete que siempre suena a lo mismo. Escucha, Bonilla, me voy, Bonilla, espera, Bonilla. Qué pesada. Adiós, Asun.  

      Esta temporada Amar es para siempre repite el esquema de las últimas. Familia rica con mal rollo en el matrimonio, parejas jóvenes con amores variopintos, el Café Reyes en lugar de El Ateneo, un grupo terrorista que pone la nota tensa con miembros que darán sorpresas, el hostal La Estrella, un lupanar que al no estar Manolita, es decir, al tener que prescindir de Itziar Miranda por su embarazo y parto reales, regenta con perversa mala hostia Benigna, el personaje faltón de Anabel Alonso, cuyo contrapunto es el buenazo de Fortunato, Pepón Nieto, y así hasta cerrar el círculo en El asturiano y el oxidado Pelayo, de pesada presencia. Aún así, es grande, muy grande esta serie diaria que mantiene el interés intacto. Aunque cuando escuchas por enésima vez en una toma, escucha, Bonilla, te mueres de la risa. Ah, no, que ya no está Asun. Muy bien, Bonilla.

Nadia de Santiago y Javier Collado en uno de los decorados de Amar es para siempre que emite a diario Antena 3. A Javier Collado, es decir, a Héctor, se lo han limpiado. Mataron a su personaje hace unas semanas. Y su mujer, Asun, es decir, Nadia de Santiago, se quedó turulata. Su historia, su presencia en la serie, no daba más de sí. La han enviado a Suiza. Una de sus frases comodín es la que titula esta columna, escucha, Bonilla. ¿Nadie se daba cuenta de las veces que la señora decía Bonilla? Aún así, un respeto, oiga, que la serie es grande.

martes, 18 de noviembre de 2014

Maldeojos. Pedro, ayúdanos



Pedro, ayúdanos
(Artículo publicado el domingo, 16 de noviembre, de 2014)

      Alfonso sólo vive para conseguir sus deseos, dice la voz un poco engolada de Pedro. Pedro es Pedro García Aguado, aunque a él le gusta presentarse como el Hermano Mayor de Cuatro. Ha vuelto el programa una nueva temporada. El esquema es el mismo con el que empezó. Es decir, en los primeros minutos presentan a los protagonistas, o sea, al nene o la nena en su salsa. Es la parte en que sacan al hijo dando golpes a la mesa, rompiendo el cristal de la foto de la comunión, del cuadrito que tanto le gusta a la madre, es el momento en que lo vemos escupir, el momento en que, con los ojos en blanco, da un manotazo y arrambla con el jarrón que adorna el centro de la mesa del comedor, el momento en que el vándalo da una coz a la puerta de su cuarto, saca la ropa de los cajones y, ya sin freno llama a la mamá, aterrada, encogida en un rincón, puta, que eres una zorra que te gusta abrirte de patas, así que o me das el puto dinero o tiro la ropa por la ventana, es el momento en que la tira, el momento en que entra el padre en acción pidiendo explicaciones y el momento en que ese energúmeno lo empuja, lo tira al suelo, se le echa encima, y empieza a darle puñetazos mientras la madre, que ve la escena arrasada por el llanto, con chorretones de rímel resbalando por las mejillas, mira a cámara y dice, Pedro, ayúdanos. Cuando pasa esto yo, como espectador, si aguanto, estoy que no aguanto. Me ponen muy nervioso estos cretinos. Me echan a bombear el corazón a una velocidad que para un infartado es peligroso, pero como todo lo que da asco al mismo tiempo tiene un poder adictivo y tentador, vamos, que te quedas pillado, cuando me doy cuenta estoy enganchado a esa mierda sin ver el momento de arrancarme la jeringuilla de la heroína de ese delincuente golpeando a la madre. Lo tremendo de esto es que, quizá, en algún momento ese papá y esa mamá alimentaron al monstruo confundiendo cariño con dejadez de funciones.  
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Este pájaro se llama Alfonso, pero podría ser Yeray, Sebas, Yasira, o la Macu. Da igual Todos los que salen en Hermano myor tienen el mismo perfil social. Escoria. Eso sí, en su degeneración, creo, tiene mucho que ver ese papá y esa mamá que no le cantó eu su momento al pequeño dictador que ya apuntaba maneras el precio de las peras. Vamos, lo de toda la vida. Una buena hostia a tiempo, un cogotazo, un pellizco retorcido y un no sin matices ayudan mucho a un crío.



Reconocer errores
Lo siguiente a la llamada de auxilio sigue el esquema conocido. Llega Pedro, que al parecer impresiona mucho a estos grandes cabronazos por ser ex toxicómano y tener la autoridad moral del que sale del barro, los padres agradecen al cielo su presencia, y el imbécil del hijo o la hija actúa con el Hermano mayor como lo hace con sus padres. Y llega el encontronazo. Pero Pedro tiene tablas y sabe calmar a las bestias. Las bestias se carcajean cuando el programa las somete a pruebas que pretenden  ponerles en lugar del otro. Por ejemplo, el otro día, y como uno de los quinquis del programa le había robado las joyas a la pobre abuela –que no se lo perdonará en la vida-, y toda la familia, tíos, primos, abuela, allegados, le dio de lado, decidieron que cada miembro de esa familia colgara al pescuezo o en los brazos del tal Alfonso una cadena pesada. Estoy hasta la polla, dijo el rufián, esto pesa un huevo, esto es una tontería. No, decía el hermano mayor, es para que veas la vida tan pesada que le has dado a tu familia. Bueno, bueno, yo también me descojoné, la verdad. Otras veces los ponen a todos a echarse en cara sus cosas mientras tiran a una diana toda clase de objetos, en vez de tirárselas a la cabeza de la madre o el padre, con lo que duele eso. Y luego llega el arrepentimiento. Es cuando el capullo ve en vídeo el dolor que ha causado. Es cuando, al verse en ese espejo de la pantalla actuar como un basilisco, destrozando muebles, rebuznando como un asno sin domar, e insultando a los padres, el miserable malcriado parece entrar en razones y reconoce que así no puede seguir.
El menda en un momento de su actuación amenazando a la madre que, aterrada, sin saber qué hacer, llama a Pedro García Aguado a ver si les echa una mano.



Políticos inaceptables
Y aquí es cuando esta columna da la trecha. Supongo que lo verían, supongo que verían a Alfonso Grau, el número dos de la fallera valenciana Rita Barberá, supongo que lo verían en la rueda de prensa. Digo rueda de prensa y sé que saben que me refiero a la del otro día, cuando convocó a los medios al ser imputado en el caso Noós. Lo sacaron en los informativos, no en todos, claro, y en multitud de programas, entre ellos Más vale tarde, el de Mamen Mendizábal –premio Ondas 2014-, y luego en los magacines de mañana, tarde y noche. Una vergüenza. Es el tipo de políticos, como los cabestros que saca Pedro García, que te ponen el corazón a reventar. Como recordarán, la entrada a la sala ya apuntaba maneras. Llegaba el menda con paso lento, degustado, con su mano metida en el bolsillo y con la parsimonia del que llega para triunfar. Y triunfó. Cuando se lió con la periodista de Telecinco Lorena Tortosa, a la que no dejaba preguntar, lo hizo con chulesco desprecio, con la petulante mirada del macarra playero. Luego, como ocurre con los enfermos de egolatría del Hermano Mayor, alguien le pondría el vídeo y el vicealcalde debió de sentir algo parecido a la vergüenza. Lo digo porque el miércoles, en Espejo público, hablando con Susana Griso, pidió disculpas por su actitud. Y lo mismo hizo con Gonzo para El intermedio. El caso de José Antonio Monago también es curioso. Este es de perfil distinto. Va de enrollado, de buena gente, de esos que te sueltan la letanía de la decencia y que sus viajes se los paga él de su bolsillo, y que está dispuesto a devolver hasta el último céntimo del costo de esos viajes. Y así fue, según demostró en rueda de prensa el viernes. Así que ahora tendrían que ser los medios de comunicación los que pasen por los métodos del Hermano mayor para reconducir su conducta. Mira que le han dado al hombre, hasta debajo de las orejas. En las tertulias lo han llamado de todo, y los espectadores, felices, disfrutando del festival. ¿Y ahora qué? Pues a ver si aprendemos la lección. Todos. Sin embargo yo, por si acaso, y hasta que haya transparencia máxima, lo digo así, señores diputados, senadores, vividores, el follar se va a acabar con cargo a los ciudadanos, que cada uno se sufrague sus polvos. Y ahora, ayúdame, Pedro, límpiame esta boca tan sucia que tengo y méteme por la vereda antes de que me líe a ostias.

El farsante José Antonio Monago con lagrimitas en los ojos flanqueado por los cínicos profesionales Carlos Floriano, izquierda, y Javier Arenas. Ahí, en la convención del PP en Extremadura para hablar del buen gobierno -vaya casualidades-, el presidente extremeño se hizo la víctima, prometiendo que devolvería el dinero, luego cambió la versión, luego la volvió a cambiar, luego engañó diciendo que sus viajes los pagaba él -según Público.es pagó con su Visa los de su novia-, y así hasta el vómito... Fuera, esta chusma, fuera...



La guinda
Cocinero bocazas
Faltones hay en todas partes. Carlos Medina, el concursante valenciano expulsado el miércoles de la segunda temporada de Top Chef -17’3% de audiencia con el cambio de día- es uno de ellos. No sólo tuvo mal perder sino que, en un exceso de patética soberbia a la hora de la despedida, mostró su cara más desagradable. Dio un portazo con el lema de los niñatos que se creen divinos, nunca cambiaré, dijo. Pues muy bien. Y a mí qué.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Maldeojos. Íñigo Errejón



Íñigo Errejón
(Artículo publicado el sábado, 15 de noviembre, en diarios de EPI PRESS)

      Niño Íñigo, coño, de dónde has salido. Uno te ve en casa, con el volumen quitado, y sin saber qué haces, qué representas, de dónde vienes, discutiendo por la noche con una hiena como Eduardo Inda, y enseguida piensa en la dejadez de tus padres, que te dejan estar fuera de casa a esas horas, en concreto en La Sexta Noche, jolín, en vez de estar con ellos apoyándote desde la grada mientras tú, querubín, cantas en Pequeños gigantes y mamá, llorando, murmura la letra. Pero no, Íñigo Errejón no es así, te veo y escucho con el volumen normal, te veo en La Sexta Noche, frente a una hiena como Eduardo Inda, y sobre todo te escucho embelesado porque te comes a la hiena sin levantar la voz, y la dejas en ridículo por ser tan pesado preguntando otra vez sobre ETA y Podemos.

      Tiene cara de crío, es verdad, de muchacho imberbe, como poco cocido, pero esa cara y su cuerpecillo de aguja se desvanecen como la bruma de la mañana en cuanto habla. Lo hace con seguridad, pero sin altivez ni arrogancia, y eso se agradece en un tiempo de platós viciados por el escupitajo verbal lanzado no para convencer desde la reflexión sino para anular con el improperio gritón. Forma parte del trío La la la, es decir, Juan Carlos Monedero, Íñigo, y la estrella Pablo Iglesias, la santísima trinidad política que, según MariCospe es el diablo que acabará con la democracia. Estas tonterías logran, según vemos en los sondeos, el efecto contrario. El padre, el hijo, y el espíritu santo se reparten las televisiones, menos La 1, donde están vetados. A ver si vemos a Íñigo por allí antes de que le salga barba. O la dirija alguien del trío. 




El Niño pudo con la hiena, que sólo atinaba a preguntar una y otra vez sobre los vínculos de Podemos con ETA, una soplapollez por la que La Hiena se verá en los tribunales con el líder del partido. Pero Íñigo Errejón, tranquilo, con un coco privilegiado, se lo fue comiendo por patas. Qué nene. Qué coco tiene este señor.


sábado, 15 de noviembre de 2014

La 1, de primera



La 1, de primera
(Artículo publicado el jueves, 13 de noviembre, en diarios de EPI PRESS)

      No importa que la fecha exacta, el 9 de noviembre, haya pasado. No importa que haga unos días que La 1 emitiera Y Berlín volvió a nacer, un reportaje del corresponsal de TVE en Alemania, Miguel Ángel García en el guión, y César Vallejo en la realización del mismo, y no importa porque los trabajos buenos no caducan. Al cumplirse el 25 aniversario de la caída del muro de Berlín La 1 se portó como la cadena pública que todos esperamos, urdiendo una programación de lujo la noche del sábado pasado que empezó con la emisión de un reportaje en Informe Semanal, que al fin volvió a su horario natural, es decir, a una hora de máxima audiencia para competir con las demás cadenas como debería de ser, con un producto de calidad, siguió Hijos del tercer Reich, una magnífica serie dirigida por Philipp Kadelback que narra cómo la guerra lo cambia todo, hasta las amistades que se creían más sólidas, y luego el documental Y Berlín volvió a nacer.

      Es un trabajo intenso, primoroso, muy elaborado, de gran periodismo. Y emocionante.  Tierno y duro. Con imágenes muy bien editadas, con sentido histórico, con ritmo pero sin salirse de los cánones de un documental serio. Dos jóvenes berlineses que nacieron ese año, uno en la RDA y otra en la RFA, sirven de hilo conductor al trabajo porque sus miradas van descubriendo un Berlín, al fin reunificado, que vivió 28 años partido y desangrado por un intenso dolor. Esta televisión pública es la que hay que defender. Por una noche así en televisión, inmensa, merece quedarse en casa. 

Estos dos jóvenes, uno nacido en la antigua RDA y otro en la antigua RFA, son el hilo conductor del documental, que hace un recorrido por lo que fue la infamia del Berlín partido en dos, dejando jriones de dolor a ambos lados de aquel disparate político, social, económico, y humano. Hace 25 años que se derribó, pero hay gobiernos como el de Israel que vuelven a esos métodos tan abyectos.