Viva
Raffaella Carrá
(Artículo publicado el domingo, 2 de marzo, en diarios de Editorial Prensa Ibérica)
Hoy 2 de marzo, La 1 emite un telemaratón para recaudar fondos para la
investigación de las enfermedades raras –lo que el Gobierno no hace como una
persona decente y responsable, trata de suplirlo el ciudadano agobiado, es
decir, la historia de siempre-. Se hace a través del programa de La 2
Todos somos raros, todos somos únicos,
espacio que presenta desde hace un par de meses
Isabel Gemio, la estrella de otro tiempo. Digo bien. Digo de otro
tiempo a conciencia. Isabel Gemio, la Isabel Gemio de
Sorpresa, sorpresa,
Tengo una
carta para ti,
Acompáñame o el
inefable, como los anteriores,
Cuéntaselo
a Isabel, con su relamida pose, con sus teatrales muecas de diva paleta que
exagera la siempre jubilosa admiración del populacho, su manera empalagosa de
hablar, la cursilería de sus ademanes de señorita que pelea con su complejo de
cuna rural, en fin, el aire altivo de quien confunde elegancia con displicencia
y distancia, a esa Gemio me refiero cuando digo que es una estrella de otro
tiempo. Durante mucho tiempo fue mi musa, mi diosa del lado oscuro a la que
siempre encontraba motivos para meterle zurriagazos de mucha enjundia verbal.
Para mí, Isabel Gemio era ELLA. Hoy, apenas es una sombra en televisión.
Irrelevante. Es más, su recuerdo es tan desagradable que su vuelta a la televisión
sólo podía ser como ha sido, por la puerta de atrás de los platós, sin hacer
mucho ruido, sentándose en el sillón que le han puesto y sin salirse una línea
del guión que va pasando frente a sus ojos para leerlo sin más. En ese especial
de
Todos somos raros, todos somos únicos, de nuevo un altar a la caridad que
urde TVE, fiel vasalla del Gobierno ausente, pasará la solidaria cachonda, doña
Toñi Moreno, que se embolsa al día
1.400 euros por programa –esto tiene que ser una broma, porque si no lo es, es
una afrenta, un insulto-, y otras caras de la pública como
Oriol Nolis,
Ana Blanco,
o
Marta Solano, muchísimo menos
solidarios que la Toñi porque seguro que ganan muchísimo menos que ella. Pero
hoy aquí hablamos de otra cosa.
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| En el telemaratón de anoche en La 1, al margen de las nobles razones, aunque para conseguir dinero para la investigación es al Gobierno a quien hay que sacarle los cuartos y los colores, Isabel Gemio, ay, que me desmayo, volvió a demostrar su inmarchitable ego, su casposa manera de hacer televisión, su cretina forma de verse como una auténtica diva. Por cierto, poco tirón tiene la extremeña. El especial Todos somos raros, todos somos únicos, en formato telemaratón, apenas hizo un 6% de audiencia. |
Grandes maestros
Hablamos de ellas, de ellos, de los que fueron y apenas lo son, o se
derriten en un caldo de insistencia que los va consumiendo en un agónico y
patético desgaste. Me paro en otra de aquellas diosas de barro con la que tanto
disfruté porque me hacía, solita, unos artículos de chuparse los dedos. Apenas
queda gente hoy como
Nieves Herrero,
mi queridísima
Nieves Horrores. Su
languidez era sólo aparente. Debajo de aquella carita de ausente torpeza se
escondía una tiparraca sin escrúpulos ni sentimientos porque era capaz, sin que
se le moviera el rubio cardado, de hurgar en el corazón ajeno y dejarlo
exhausto, tiritando de dolor, fría como una navaja que pasó la noche a la
intemperie, maestra de una torticera empatía falsaria para hacerse con sus
víctimas. Hoy, esta dama del periodismo sentimentaloide, facilón, de tópicos, y
trasnochado, ha encontrado cobijo en la tele de los curas. Su estilo de monjita
risueña, perversa y pecadora, siempre me ha puesto alerta, como si cuanto más
sonriera, más zonas turbias desenmascarara. De esa época gestual, de rostros y
nombres divinos, es
Jesús Hermida,
al que teníamos en un halo de inventor de personajes –él mismo fue una
magnífica creación- guardado en un cajón notorio de la memoria, pero hay egos
incapaces de quedarse quietos, y el de don Jesús lo traicionó despertándolo de
su sarcófago catódico para hacerle una entrevista a su quinto
Juan Carlos de Borbón que pasará a la
historia del periodismo como una de las mayores astracanadas del género.
Manuel Campo Vidal,
Paco Lobatón,
Iñaqui Gabilondo, o
José
María Íñigo saben estar en una prestigiosa segunda fila, pero todos podrían
volver a la primera demostrando su maestría sin apenas artificios.
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| Nieves Horrores en sus días gloria, cuando inauguró un género que aún colea, el de la televisión basura, el del suceso como espectáculo. Fue con el crimen en Alcásser de tres niñas adolescentes. Con sus programas nauseabundos llenó los platós de inmundicia sentimental y vísceras rotas y ensangrentadas. Hoy la señora está aparcada en 13 TV, la tele de los obispos que pagamos todos. |
Atracción o rechazo
Entre ellas, quizá la única que ha sabido mantenerse retirada con la
elegancia de siempre, con la soltura de una mujer de televisión total, que
manejaba las claves del entretenimiento y el espectáculo como pocas, es
Laura Valenzuela. Seguro que si hoy
volviera no sería igual. Su tiempo pasó, pero no pasa nada. Sí pasa cuando ves
cómo se pasa como una pasa
Maritere
Campos, que ha sabido ser la mejor mari en antena y encontrar en el formato
chocho de
¡Qué tiempo tan feliz! la
horma de su zapato como presentadora rabalera de un entretenimiento popular que
no busca la excelencia sino echar un rato, como si las amigas fueran a
visitarla a su casa, y ella, marimandona, las hiciera bailar, cantar,
chismorrear, aplaudir, venerarla, reírle las gracias, y acompañarla para echar una
tarde más entre señoras de su condición. Al fin, la malagueña encontró un sitio
donde sus cardados, el olor de la laca que traspasa la pantalla, sus manitas
hablando más que ella, echándolas adelante, expresando como las del mercadillo
las cosas que vende, al fin, esta señora, que sabe un ovario de televisión, ha
encontrado su retiro y su público, de bajísima preparación, de gustos chabacanos,
sí, pero un público acorde con el perfil que Telecinco ha tejido entorno a su
marca. ¿Por qué la imagen que da
Concha
Velasco, que es mayor que la señora Campos, es más dinámica, fresca, y sin
duda más elegante, y sigue haciendo series, películas, o presentando
Cine de barrio en su justo término y sin
las patéticas excentricidades de la pobre
Carmen
Sevilla? Creo que eso va en la persona, en el talante, en la forma de ser.
Ya sabemos que hay caras que derriten la pantalla, por su apostura, atractivo,
por su fascinación, por raras, por bellas, pero eso dura unos segundos. La
cámara es un taladro que alcanza interiores insospechados. Y ahí, cuando se
producen esos hallazgos, es cuando de verdad se da o no el misterio de la
atracción o el rechazo. Algo ha descubierto la cámara en Isabel Gemio para que,
por mucho que lo intente, la quiera lejos, no se la crea, la tome como una
impostora. Viva
Raffaella Carrá.
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| La gran Raffaella Carrá pasó por El hormiguero hace unos días, y demostró, con soltura, sin poses, sin imposturas, que es una auténtica estrella de la televisión. |
La guinda
Los Alcántara
Todo
lo que tocan lo estropean. ¿Se han dado cuenta de que hasta vacas sagradas como
Cuéntame tienen un aire que no es el
aire de la serie? La llegada de los socialistas en 1982 al poder puso muy
nerviosos a los directivos de TVE, y “sugirieron” dulcificarla. El trasfondo
político, el retrato de la época, ha devenido en fogosas tramas de amor. Y la
audiencia ha decaído. De Carlitos a Antonio Alcántara, todo el mundo tiene
líos.