Mostrando entradas con la etiqueta Velvet. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Velvet. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de octubre de 2017

Maldeojos. Bombazo



Bombazo
(Artículo publicado el sábado, 30 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)

     Hablar de guerra y de bombas es obvio. Hablar de una serie de televisión que se llama Tiempos de guerra, que emite Antena 3, y que se está convirtiendo en un bombazo ya es menos corriente, puede pasar, pero también puede no pasar que ese bombazo sólo sea uno entre los muchos que se ven y escuchan en la pantalla y no el que se le da de forma popular. Es un bombazo porque la serie está funcionando muy bien. Digo más, como se esperaba, está funcionando como se esperaba y para el público al que va dirigido. ¿A qué público? Tiempos de guerra se dirige a todo bicho vidente, como es normal en un negocio que no hace distingos porque su objetivo es el consumo de grandes, peques y medianos. Pero Tiempos de guerra sabe que el producto está pensado para enganchar al público femenino. Y funciona. Bambú, la productora que lo firma, lo sabe porque así lo ha venido demostrando en anteriores trabajos como Velvet o Gran hotel.

     La serie parece que va de una cosa pero, como ocurre con las historias de Bambú, va de otra. Nos sitúa en la guerra del Rif, 1921, en lo que se conoce como desastre de Annual, donde los soldados españoles mueren a manos de los sublevados liderados por el líder rifeño Abdelkrim. Así que sí, se ven bombas y heridos pero como telón de fondo de las historias de amor y dramas personales de “las damas enfermeras” enviadas al frente por deseo de la reina Victoria Eugenia para que atiendan a soldados y mandos. Como siempre, la producción es impecable, cuidada y al servicio de la trama, que funciona como un reloj, eso sí, previsible. Chicos y chicas guapos –me vuelve a chirriar la cara inamovible de Amaia Salamanca- para una historia de amor y sangre.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Bambalinas



Bambalinas
(Artículo publicado el jueves, 22 de diciembre, en diarios de EPI PRESS)

     No sé si usted sigue The walking dead, el tebeo convertido en serie que ahora, tras pasar por diferentes cadenas, emite FOX. Va por la sétima temporada, y la escabechina en el bloque de los zombis que se han adueñado del mundo y el de los humanos que luchan por la supervivencia contra los zombis y contra otros humanos es de proporciones bíblicas. Aún así, al menos hasta ahora, el protagonista sigue intacto. Es Rick, o sea, el apuesto Andrew Lincoln. La sexta temporada dejó a los fieles con los ojos espantados porque el nuevo villano, Negan, el actor Jeffrey Dean Morgan, con un bate forrado de púas de alambre, tenía sometido, y arrodillado, al grupo de Nick. La tragedia saltó en forma de golpe violento. Pero no se supo quién moría. El primer capítulo de la nueva temporada comenzó en ese punto exacto. Tenso, durísimo, brillante, incluso bello en su desmedida monstruosidad, hay veces en que te resulta difícil seguir viendo la magistral actuación del malo, un buenísimo Jeffrey Dean, despiadado, cínico, convertido en dios sin alma.

     Mueren dos de los personajes centrales de la trama –que no desvelo por si quiere ver el capítulo- y los efectos especiales son tan reales que la productora, para quitar hierro al asunto, publicó fotos del maquillaje y parte del cómo se hizo. Se agradece que la cortina del teatro se descorra y muestre un poco de la cara oculta. Sigamos jugando. Velvet ha terminado esta semana, y con sonado éxito para Antena 3. Los 15 minutos de escenas en directo han sido todo un acontecimiento. Pero a mí me sigue fascinando que enseñen la trastienda, que nos desvelen el truco después del engaño. Los de Velvet han creado un mundo inexistente, y lo han hecho muy bien. Por eso me encantan las bambalinas


lunes, 26 de diciembre de 2016

Maldeojos. Riguroso directo



Riguroso directo
(Artículo publicado el domingo, 18 de diciembre, en diarios de EPI PRESS)

     Si los planes no cambian, el próximo miércoles, 21 de diciembre, Velvet no sólo acaba sino que mantendrá en vilo a la audiencia con el anuncio de que parte del capítulo, es decir, algunas escenas, se harán en directo. Dice la cadena que ese capítulo quiere ser “un evento televisivo único”. Seguro que alguna de esas escenas, reservadas con un tratamiento tan espectacular, tan infrecuente, tan fuera de la norma, revela algo muy gordo en la historia, coronándola con una guinda que hará las delicias del espectador. Si hacemos memoria, y para eso tenemos a San Google, el capítulo 200 de 7 vidas, ficción mítica que emitía Telecinco antes de que se especializara en morcón triturado para el desayuno, la comida, y la cena, se hizo en directo, para el público que siempre asistía a las grabaciones, y para los espectadores de casa. La cadena, y Atresmedia en pleno, le está dando publicidad al final de Velvet con cortinillas, programas especiales, y llevando a los actores a sus magacines y programas. La casa por la ventana. ¿Habrá lío entre la modistilla que nació en humilde cuna, Paula Echevarría, y el apuesto galán, rico y por muchas damas de la época deseado, Miguel Ángel Silvestre, dueño de los almacenes donde trabaja el personaje de Echevarría? Recuerdo ahora que este año, cuando Velvet pasó por el FesTVal de Vitoria, los actores de la serie, incluyendo al circunspecto José Sacristán, y a la cascabelera Marta Hazas, lloraron ante los medios por la emoción de saber que la historia llegaba a su fin, que no habría otra temporada. Velvet le ha dado a Antena 3 momentos de gloria televisiva, con datos de audiencia envidiables. Es curioso que muchos medios, incluso la propia cadena, han destacado que Velvet hará historia en televisión al emitir “en riguroso directo” algunas escenas de su capítulo final. Queda mono, pero no es así. La mentada 7 vidas echa por tierra la afirmación. Mucho más si hacemos memoria y nos vamos al “riguroso directo” de Estudio 1, donde algunas obras se representaban en TVE así, en directo, a pelo.

Nadia y ¿sus padres?
     Casi en riguroso directo seguimos asistiendo al supino error de la tele, sobre todo la tele, que necesita carnaza para ir tirando en según qué programas, al hacer de la historia de Nadia un guión donde el drama, la esperanza, y unos padres corajudos que luchaban contra una enfermedad metabólica, la tricodiodistrofia, iban escribiendo capítulos sin advertir que el papá de la niña, Fernando Blanco, avispado fullero de corazón turbio, en realidad manejaba la enfermedad de su hija como una empresa en connivencia con la madre, Margalida Garau. Pasearon su dolor por todos los platós llevando a la criatura a que besara a las presentadoras estelares como se besa a la santa del pueblo, que se derretían en lágrimas al saber que la cría, si no conseguía el dinero necesario para sus operaciones, podía morir en un suspiro que, ahora, sabiendo lo que sabemos, ha sido un suspiro que ha durado años, los años del teatro de la compasión diseñada por estos, al parecer, estafadores profesionales, según el auto decretado por el juez, que metió al padre en prisión, a la madre la dejó en libertad, y a la niña fuera de su influencia, dada en custodia a una tía suya, según vi en La 1 en el Telediario, que dedica un bloque tan oscuro a los sucesos que tuve que mirar varias veces la mosca identificativa de la cadena para estar seguro de que no era Pedro Piqueras y su periodismo de semen y sangre, fuego y truco. Por cierto, en conexión con Lleida, Ana Blanco da paso a la crónica de Joana Sendra, a las puertas de la cárcel de Ponent, que añade un poco más de tensión y perplejidad a la historia al decir que el juez que lleva el caso duda de la paternidad de los padres de la cría, por lo que ha pedido pruebas que lo atestigüen. El monstruo se ha hecho inmenso, de nuevo, bajo los cálidos focos de los platós. Hasta Susana Griso, la otra mañana, con cara rígida de pillada como un corderillo, y Alfonso Egea, también de Espejo público, pasaron el vídeo privado, enviado por los ¿padres de Nadia? a Susana donde estos facinerosos le hacían hacer ¿a su hija? carantoñas para ablandar el corazón de la presentadora y ésta, conmovida, apoyar la causa de la niña.

¿Justicia o venganza?
     La historia chusca de Nadia, vista ahora en rigurosos lamentos de beatas compungidas, es como lo de la economía, cuyos analistas se ponen farrucos escrutando la situación a toro pasado, viendo indicios en él que en el presente no olfatean. Ahora, igual. Veo a Albert Castillón en Espejo público, igual que a otros colaboradores del programa de Ana Rosa, analizando paso a paso, con expertos en comunicación gestual, las evidencias de la trola de los padres que en su momento no advirtieron cuando eran llevados a los platós, colaborando, sin percatarse, con la estafa. No sé si alguna cadena se pondrá al frente para pedir justicia o venganza. De hecho, ya lo están haciendo. Una cosa y la otra. En televisión, todo vale. Antes ensalzaban al impostor. Hoy, leña al mono. Contado todo al segundo, sí, en riguroso directo subidos al carro del nuevo giro de la historia. Justicia o venganza, escribía. Eso es lo que ha de dilucidar antes del lunes la audiencia de Mar de plástico, que emite su último capítulo el 19, no en directo pero sí decidiendo una opción u otra. ¿Justicia para el asesino del martillo, o venganza para el mismo? Y ahí, de golpe, mientras escribo, aparece Rosa Villacastín. Sí, vive. Y la veo en Amigas y conocidas, lo de Inés Ballester en La 1, hablando de que el tamaño sí importa. Ojo, el tamaño de las cestas de navidad. Y de que Vargas Llosa recurre a la crema de caviar -420 euros el tarro- para parecer más joven. Por eso, aconsejado por Isabel Preysler, su gurú, se ha blanqueado las canas para ir acorde con el blanco de sus dientes. ¿Justicia o venganza de la vida con el Nobel? Y termino en riguroso directo, miren, miren, dejando caer una lagrimita por Raffaella Carrá, 73 años espléndidos, que deja la tele con la gala del 60 cumpleaños de TVE en unas horas. Va por ti, Raffaella. Salud y larga vida.

La guinda
MAM
Sin duda cocinará bien. No puede ser de otra manera si ha ganado un concurso de algo más que cocinillas como Masterchef en su versión para celebridades, que La 1 emitió durante seis semanas con mucho, mucho éxito, quizá el formato con el que la pública se quita las vergüenzas. Pero Miguel Ángel Muñoz, MAM, ha demostrado algo más, y si me apuran, mejor. Es una excelente persona, y eso  traspasa la pantalla. Y se nota.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Maldeojos. Coco juguetón



Coco juguetón
(Artículo publicado el jueves, 29 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)
     Poco a poco, un modesto programa como Desafía tu mente se está haciendo el fuerte en eso que se llama programa de acceso al programa estelar de la noche. Es decir, igual que El intermedio es el telonero del cine en La Sexta, El hormiguero de Velvet en Antena 3, o First dates de CSI en Cuatro. Pues bien, Desafía tu mente es el programa que va antes del plato fuerte de la noche en La 1, sea serie, película, o reportaje. Y lo presenta, y de qué manera, Antonio Lobato, el de los coches, o las motos, no recuerdo bien. Me gusta, me gusta cómo lo hace. No es un presentador estrella, no viste de forma llamativa, no se mueve en pantalla con gestos extravagantes ni ostentosos, y desde luego, no pone caras para subrayar lo que toque en ese momento. No quiero pensar lo que haría con Desafía tu mente un presentador como Íker Jiménez, el de los cuentos misteriosos.
     En Desafía tu mente no hay cuentos chinos. Es un juego en el que nuestro cerebro se pone a prueba con pruebas que lo descolocarán, que sacarán lo peor o mejor de él, lo vago que es, lo miedoso, o lo listo en determinadas situaciones. Desafía tu mente es un divertimento, un excelente programa para la televisión pública. No es extraño que vaya subiendo la audiencia a diario. A ver, decían el otro día, piensa en un color y en una herramienta. Se lo decían a la gente en la calle y se lo decían al espectador en casa. Yo pensé en el color rojo y en un martillo. La madre que los parió. Antonio Lobato nos lo advirtió. Estoy seguro, dijo, que han pensado en esto. Y mostró una cartulina con un martillo de color rojo. Salió el cerebro vago, el que no se molesta mucho en rebuscar colores ni tipos de herramientas. Rojo y martillo. Vean el programa. Diviértanse.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Maldeojos. Velvet



Lágrimas
(Artículo publicado el martes, 13 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)

     Les voy a contar lo que no sale en la tele, lo que no se cuenta, incluso lo que no tiene ni que ser noticia. Hablo de Velvet. Bueno, de la gente que hace Velvet. Bueno, de lo que ocurre cuando la productora, la cadena, el equipo artístico, y la dirección del FesTVal de Vitoria deciden convocar un encuentro con los medios. Fue el otro día, el viernes pasado, en el Palacio de Congresos Europa, en un barrio amplio, limpio  y moderno de la ciudad alavesa. Se anunció como la última vez que Velvet viajaba al festival porque la serie emitirá su última temporada. En el Palacio de Congresos, en las butacas, un gallinero de medios, decenas de periodistas que parecían lanzar al mundo exterior lo que estaba pasando en el interior porque, oh, dios, todos, pero todos, con sus cabezas inclinadas, manejaban sus chismes electrónicos como posesos .

    Hasta que habló José Sacristán, que socarrón pidió daños y perjuicios por el deterioro emocional que le estaba suponiendo el final. Junto a él, parte de los actores de Velvet. Pepe, para, dijo Paula Echevarría, Ana en la ficción, que se retiraba unas lágrimas. Marta Hazas, encantadora, no pudo ni hablar. La ocurrente Cecilia Freire, la simpática Rita, soltó algunas perlas sobre lo mismo. Ni por esas se ablandó Sonia Martínez, directora de ficción de Atresmedia. Termina, Velvet ha llegado a su fin, confirmó, no hay vuelta atrás, pero… Ese pero, según Teresa Fernández, otra pata de la productora Bambú junto a Ramón Campos, podría ser escribir otra historia a partir de Velvet, una secuela, pero como aquí somos finísimos, y tontos, hay quien le llama “spin off”. La última temporada viene cargada de emoción. Ya verán. No me extraña.