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miércoles, 27 de noviembre de 2019

Maldeojos. Asunción, actriz


Asunción, actriz
(Artículo publicado el martes, 26 de noviembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     La 2 reaccionó de nuevo como debía. El domingo por la noche levantó lo que tuviera previsto y volvió a emitir el Imprescindibles dedicado a la actriz que fallecía el sábado 23  en Madrid, Asunción Balaguer –que será enterrada en Águilas, el pueblo de la costa murciana donde lo hace su marido, Paco Rabal-. Ya salió su nombre, el de él, digo, como lo hizo nada más empezar el reportaje. Es curioso, o no tanto, que en el programa dedicado a Asunción Balaguer buena parte del contenido cayera en el saco del actor aguileño. Dijo mientras paseaba por la orilla del mar que cuando Paco murió, feliz, brindando con cava, a ella se le acabó la vida. Pero no fue así, nunca es así. Fue a partir de ese momento cuando ella, como se titulaba su Imprescindibles, fue Una mujer sin sombra, es decir, sin fardo, sin su Paco, al que amó tanto como le hizo daño.

     Pero en el reportaje todo es dulzura, amor, entrega, comprensión, respeto, y ni siquiera hubo lugar al reproche, que en vida tampoco hubo –ella sabía de sus “cosas”-. Cuando Paco Rabal murió empezaron a llamarla para hacer cine, teatro, y recuperó la felicidad que se había ido en Burdeos con la muerte de él al recuperar su “auténtica vocación”. ¿Se arrepiente de algo? De nada, lo volvería a hacer todo igual. Así se lo contaba, como amigas que se cuentan sus intimidades, a Pilar Bardem. Asunción Balaguer tomó una decisión, y fue feliz con el hombre al que amó, un amor de 50 años juntos. Está claro que sin Rabal, Asunción fue la mujer sin sombra, y que volvió a ser reconocida como la gran dama de la escena que es, con el magisterio de las mejores, pero seguro que ahora, y para siempre, podrá brindar con su amor el resto de la eternidad.


miércoles, 20 de febrero de 2019

Maldeojos.


Los Bardem
(Artículo publicado el jueves, 14 de febrero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     En Socialité, el programa de chisme extremo de Telecinco –hoy, en este país, casi todo es extremo, bronco, montuno, de gallitos de corral-, salen de caza a ver qué pillan. No les interesa la cara amable, la cosa educada. Cuando salen, olfatean víctimas y sacan de ellas su parte más fea. Una vez que caen en sus garras, malo. Dirigiendo ese cotarro de mal gusto, María Patiño, que lleva viviendo de estos sucios saraos toda una vida, y con cara de intensa. El otro día, en uno de sus reportajes, comprados a saldo, o enviados por agencias que venden esas imágenes al peso, se hicieron con uno en el que hablaba Pilar Bardem, buena pieza, no por ella sino por su hijo y su nuera Penélope Cruz, que son  inalcanzables para tribuna tan chabacana. La actriz acudió al homenaje que le dio el Círculo de Escritores Cinematográficos, que le entregó su medalla de honor.

     La cómica, de 79 años y casi otros tantos de trabajo para sacar a su familia adelante, le dijo a la agencia que a su edad no la llaman para trabajar y que cobra “una pensión de mierda”. Suficiente. Todo eso dura apenas 15 segundos, y estoy seguro de que Pilar, sin pelos en la lengua, lo soltó porque es verdad, sin edulcorar una realidad que al quedar retratada sólo pretendió denunciarla. Pero hete aquí que este Socialité, un programa de basura de primera, retorció las declaraciones, las ralentizó con drama sensacionalista, volvió a ellas una y otra vez, y saltó sobre el cuello de quien en realidad les interesa, su hijo Javier y su nuera Penélope. Y qué dijeron. Pues que cobran un pastón, que tienen millones arrollados, y que sus hijos llegan al mundo con fajos debajo del brazo… mientras la madre y abuela “pasa uno de los peores momentos de su vida”. Qué gentuza.

viernes, 16 de febrero de 2018

Maldeojos. Coser, cantar, y cocinar



Coser, cantar, y cocinar
(Artículo publicado el domingo, 11 de febrero, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Pues sí, lo recuerdo, lo recuerdo como si fuera ayer. Recuerdo a las vecinas de mi calle formar un grupo con sus bastidores, sus calcetines y bajeras para zurcir, echar la tarde en aquel callejón sombreado, o en el corral de alguna bajo la higuera y la parra, mientras la historia de amor y lágrimas de la radio ponía el punto de tensión en el melodrama que podías seguir echándote a andar calle abajo porque aquellas voces, aquellos gimoteos, y el timbre del narrador hacía unas audiencias planetarias. Todo el mundo escuchaba la radionovela. Y como las mujeres no han nacido para estarse quietas escuchaban la radio y cosían. Por entonces nadie sabía que existía una profesión llamada diseñador de moda, y como mucho, se hablaba de maniquíes, señoritas como juncos que a veces salían en las revistas que nunca llegaban al pueblo. Sobre esto recuerdo –estoy como Lolita, jurada de Tu cara me suena, que al ser “tan vieja” siempre tiene batallitas que contar- que me dijo Pilar Bardem para el libro que me encargó la Primavera Cinematográfica de Lorca –Pilar Bardem, el compromiso de la coherencia, Universidad de Murcia, 2002- que antes que puta –hizo todas las del cine español- fue maniquí, y por casualidad. Para desfilar –en aquellos años no se desfilaba, se pasaba ropa en casas a las que iban señoras ricas- le dieron un consejo. Tú muy seria y con cara de asco mirando a la gorda sentada frente a ti como si pensaras, tiene dinero para comprarse el vestido que llevo puesto y yo no, pero yo tengo el tipo y ella no. Y es verdad, me decía Pilar una tarde de risas en la casa madrileña de su representante, José Marzilli, si te fijas en las maniquíes todas llevan cara de un asco insoportable. Algo así, si no asco sí imprimiendo una marcialidad chusquera, es lo que siento cuando escucho el juicio de un jurado de Maestros de la costura, que llega a TVE como la versión de un MasterChef que ha cambiado la sal y la pimienta, el fogón y las esferificacciones, y las espumas y humos, por la seda, el tergal, y los patrones. Todo muy dramático, de mucho hipido y moco.

Sargentos chusqueros
     No entiendo esos dramones, esos jurados con cara de acelga que gritan al aprendiz de costurero que lo que han hecho no tiene ni pies ni cabeza con la idéntica mala hostia que riñe a los aspirantes a chef el jurado Jordi Cruz, un muñeco diabólico, una especie de gremlin que pone firme a la niña y al niño, al famoso y al que no lo es. El jurado de este Maestros de la costura está formado por Lorenzo Caprile, costurero áulico que le sirve los trajes a Letizia Ortiz, María Escoté, que le vende su ropita a Miley Cirus, Paula Echevarría o Bibiana Fernández, y Alejandro Palomo, al que veo en los anuncios como creyéndose él mismo que es el niño terrible del mundo dedal, eso de mucha pose con cara adusta y muchas gotas de vinagre, y por eso parece que cada mañana se levanta con la necesidad y la promesa de epatar. Un repelente, que San Tergal me perdone si me equivoco, que seguro me equivocaré porque el programa empieza el lunes y ya me he olvidado de él. Aun así, aunque sólo sea por su presentadora, la eficaz Raquel Sánchez Silva, lo veré un poco. Resumamos. TVE clausuró hace unas semanas MasterChef, fábrica de cocineros, el lunes pasado Operación Triunfo, fábrica de, bueno, fábrica de voces para el cadalso de la música, y ahora abre los talleres de Maestros de la costura, con doce aspirantes que se moverán por el plató haciendo patrones, diseñando ropa de alta costura y de ropa diaria, con todo tipo de tejidos y dejando muestras de su talento, que seguro que lo tienen. Toñi Prieto, directora de este tipo de formatos en La 1, lo tiene claro. En entretenimiento, ha dicho, estamos que nos salimos. La idea de ver la parte de atrás de esta industria quizá no sea tan descabellada, siempre que el jurado lo permita y no se resabie dejando claro que sus miembros son sargentos chusqueros del espectáculo con mucha dirección y guión detrás, con mucha cocina.

Granja caníbal
     El caso del último Sálvados, Stranger Pigs, aunque con un guión y una dirección, como siempre, rozando el cielo de lo cinematográfico, de una belleza formal que contrastó con la porquería de sus protagonistas, gorrinos de matadero, es distinto. Salvados nos dio una visión de la industria cárnica de este país sin necesidad de pasarla por el horno, por la sartén, y ni siquiera por las brasas. Si Maestros de la costura trata de que la gente entienda qué ocurre antes de ver el monísimo vestido o el pantalón que te mola en el escaparate de la tienda, este diabólico Salvados nos mostró qué ocurre con la carne –vale más, se dijo en el reportaje, un cerdo colgado en la cadena de despiece que un simple trabajador-, antes de verla limpita, envasada, sonrosada y apetitosa, en el estante del supermercado. Y aterra lo que ocurre. El equipo entró en una granja murciana y fue como si entraras a la boca del infierno poblado de monstruos deformados. Su sola visión te ponía los pelos como leznas. Escuchar al segundón del consejero de Ganadería, en manos de Francisco Jódar, diciendo que su consejería no es responsable del trato que se les da a los cerdos en algunas granjas –hacinamiento, hernias, tumores, canibalismo- es de vergüenza. El programa te hace no ya vegetariano sino vegano al primer segundo. La madre que parió a Jordi Évole. Por los torreznos que me como, no te lo perdonaré jamás, Jordi Évole, jamás. No dejamos las zahúrdas quietas, así que les invito en la que hoza Milagros Jiménez. Tratando Risto Mejide la “posverdad” en Chéster la invitada dijo que Javier Sardá le dio de comer gracias a Crónicas marcianas, donde se sintió, literal, como una cerda en un corral porque se trataba de ver quién era más zafio y cruel, y que “jamás haría algo así”. Qué tipa. Mila hace ace lo mismo en Sálvame desde hace 9 temporadas. Los cerditos murcianos se devoran entre ellos cuando muere alguno, los de Sálvame lo hacen estando vivos. Y sin dejar de coser, cantar, y cocinar. O pregonar -¿en serio que Kiko Hernández ha cobrado 13.000 euros por el pregón de carnaval en Cartagena?-. Ay, señor, llévame pronto.

La guinda
El cuerpo
Esta semana estrenó Antena 3 Cuerpo de élite, y lo hizo con un éxito de audiencia de esos que resuenan por su grandeza, más de 4 millones de espectadores. Casi se come por patas a El accidente, en Telecinco. Lo que no entiendo es la relación entre el éxito y que uno de sus protagonistas, Octavi Pujades, lo celebre publicando en Instagram una foto suya desnudo, desnudo total. ¿Por tener un cuerpo de élite o porque esto va así?

viernes, 11 de noviembre de 2016

Maldeojos. La generala



La generala
(Artículo publicado el martes, 8 de noviembre, en diarios de EPI PRESS)

     El domingo estrenaba La 1 una nueva edición de Masterchef, una gallina de huevos de un oro que ya mismo, de tanto explotarla, va a empezar a echarlos hueros, vanos, con pollito, pestosos. Tenemos la versión del ciudadano anónimo, la de los niños, y ahora la de las celebridades. Destaco un acierto principal. No han contado con el insoportable Mario Vaquerizo, ni con Santiago Segura, dos fijos en este tipo de tinglados que, al menos a mí, me tiran para atrás. La mecánica del programa es la misma, para que no se diga que hay clases. Y el jurado, con Jordi Cruz como nuevo villano desde hace un par de temporadas, en su papel. No pasa una. Temblando está Loles León. El programa no tiene más interés que el de ver con el mandil a los famosos peleando con el bogavante para echar unas risas. Manuel Díaz, el torero que mata a indefensos herbívoros en la plaza, casi llora ante el carísimo crustáceo por someterlo a semejante tortura.
     Al tiempo, Mariano Rajoy aún le da las últimas caladas a su purito asomado el vasto mundo después de formar Gobierno, una mezcla de Masterchef, con celebridades que nos darán mucho juego, como La Generala, esa Mariloli Cospedal que lo mismo te monta un monólogo inefable con el concepto diferido que se pone el casco dispuesta a engrandecer Ess-paña –menos mal que no le ha dado por engrandecer Portugal-, y una mezcla de Tu cara me suena, como el tal Juan Ignacio Zoido –muy católico, taurino, y cofrade, el que quitó el nombre de la calle a Pilar Bardem y se la dio a una virgen-, o la de Dolors Monserrat, la cuota catalana de la conca. Además, hoy, EEUU puede hacer del peligroso Donald Trump el más poderoso del planeta. Mi generala, defiéndenos.