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miércoles, 21 de agosto de 2019

Maldeojos. Tupper sex


Tupper sex
(Artículo publicado el jueves, 8 de agosto, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Si no fuese suficiente revulsivo, un repelente natural si veo a la absurda Rosa Benito, que como saben es siempre en Telecinco, verla con un artilugio para gustillo sexual, llevándose el aparato no al chirrín sino a la nariz, es demasiado. La escena hilarante ocurrió en el cierre de la novena edición de Gourmet edition, que estaba en Cuatro pero como parecía que la audiencia respondía, Mediaset se la llevó a la casa de la reina madre. Y ahí está, otra fábrica de humor estilo Vasile. En esta edición, que ganó la Benito con un gazpacho y un filete –palabras envenenadas de una recauchutada Irma Soriano, más retocada que el Eccehomo de Borja,  es verdad que como Belinda Washington y Loles León, que completaban el cuadro de señoras cocineras- la anfitriona de la última cena, Belinda, organizó una sesión de tuppersex al estilo de principios de siglo.

    Una asesora llegó con su cargamento de juguetitos sexuales y fue la bomba. Señoras como niñas saltando sobre los sobres de lubricante creyendo que eran condones –se los llevo a mis críos, decía Benito-, atesorando bolitas de diverso uso, tocando consoladores como si de verdad fuesen lo que un buen consolador imita, en fin, una fiesta de fin de curso tirando a picante. En este formato, aunque todo parece girar en torno a la cocina, la comida importa poco. Pero la cosa no acabó ahí. Cuando se cerraba la presente coña, Telecinco ya anunciaba el siguiente Gourmet edition. ¿Se puede superar una edición que se cierra con señoras reunidas en torno a una exhibición de juguetes sexuales? Sí, sólo hay que saber que llega un alien patético como un tal Aless Gibaja –cero dramas, siempre “smile- para esputar a gusto.


miércoles, 11 de enero de 2017

Maldeojos. En barrena



En barrena
(Artículo publicado el martes, 10 de enero, en diarios de EPI PRESS)

     Es verdad que me sienta como una patada en el hígado, que el tipo no me hace tilín, que no soy devoto de sus payasadas, que no me lo creo, que ni chispa de gracia, que el señor Santiago Segura no es artista que me conmueva, que no pagaré un euro por verlo en el teatro, que dejé de pagar por ver sus “torrentadas” en el cine, y que aunque sea gratis, si sale en la tele lo evito porque me sigue pasando lo mismo, que no me lo creo, que es un tipo listo que se ha construido un personaje que a mí, de verdad de la buena, no sólo no me llega sino que me resulta artificial, corto, con esa sonrisa lela y esos dedos en uve en cuanto ve una cámara, y esa jeta adusta en cuanto el foco se apaga. Que no. Creo que la cosa está clara. Es verdad que don Segura me sienta como una patada en el hígado, ojo, siempre quiero aclararlo. Hablo del personaje que sale en la tele. El ciudadano Segura me es tan indiferente como las pulgas del perro de mi vecino.

     Pero es que lo pone a huevo para seguir hablando, mal, de él. Decía el otro día la señora Irma Soriano, sentada en Sálvame, moqueando por la emoción, que a sus hijos les dice que “mamá está donde hay trabajo”. Se lo decía –según leo en una web de televisión- yo creo que para justificarse ante ella misma, ante sus hijos, y ante sus amistades, por haber dicho sí a la infame llamada de Gran Hermano VIP y aceptar –el domingo echó a andar la nueva edición, sin apenas tiempo de haber fumigado la casa para hacer respirable el aire tras el paso de los anteriores inquilinos-. Cada cual tiene sus razones para entrar en ese corral tan poco higiénico para la mente. Pero Irma sabe, por eso se justifica, que no es un orgullo. ¿Qué hacía Segura en Sálvame contestando al polígrafo? Vamos, vamos.