viernes, 5 de abril de 2013

Maldeojos. Paco Elvira fue real. Jueves, 4 de abril de 2013



Paco Elvira fue real

      No sé por qué le dedico a este hombre una columna cuando, que yo sepa, nada tiene que ver con la televisión. Pero sí, y mucho, con la imagen. El lunes por la tarde empecé a leer en mi página de Facebook cientos de comentarios reconociendo el trabajo de Paco Elvira, y otras tantas entradas compartiendo fotos suyas. Al principio no entendía muy bien lo que pasaba hasta que en esos comentarios leí deseos de acompañar en el dolor a la familia, y deseos de que Paco descansara en paz para siempre. Busqué en Google, y en efecto, hacía pocos minutos que la noticia ya estaba en las ediciones electrónicas de los diarios. El fotógrafo Paco Elvira ha muerto en accidente en la costa de El Garraf, se decía. Tenía 64 años y fotografiaba, quizá subido a la roca desde la que se despeñó, los parajes del macizo barcelonés. No conocía a Paco, pero éramos “amigos” en la red.

      La última vez que “hablamos” fue para hacerle ver que tenía una falta –una b por v, una h sobrante, minucias al escribir rápido-. Me respondió dándome las gracias. Seguía sus Fotos desde mi ventana, escenas callejeras que colgaba en su blog retratando lo más cercano, él, que retrató con precisión lo más lejano, desde la guerra de los Balcanes al conflicto de Irlanda del Norte o el día a día en el Kabul “liberado”. Su muerte apenas ha generado una llamada en algunos informativos. Pero para mí ha sido un tortazo ya que Paco Elvira era una entelequia, un contacto, una especie de irrealidad que vivía en mi ordenador. Y no. Resulta que detrás de esta maraña de conocidos, no conocidos pero contactados, seguidores y seguidos, entradas y enlaces que alguien activa, hay alguien de carne y hueso. A veces se olvida. La muerte real de Paco Elvira me lo ha recordado. 

Portada del blog de Paco Elvira tomada de mi ordenador. Sigue ahí, en la red, pero él ya no está.

También permanece intacta la portada de su cuenta en Facebook, pero ya nadie responderá al otro lado





jueves, 4 de abril de 2013

Fotos. Sin salir de casa. I



Sin salir de casa
                                                               
El mundo está donde tú estés. En ti. Y también en los demás. Y en las cosas que te rodean. Y en los libros. Y en las películas, la música, el silencio, en los amigos. El mundo está en la siguiente ciudad, en el pueblo de al lado, en el país remoto. En el país donde te encuentras como si fuera el tuyo. El mundo está en tu casa. En tus cosas. Y en lo que ves. En lo que ves desde ella. Te asomas, y ahí está el mundo. Miras, y ves el mundo. La gente que pasa, la gente que camina, la gente que habla, la gente que ríe, la gente que conoces, la que no, que te gusta más, la que te gusta menos, la que no te gusta nada. Y ves cómo crece la yerba, y cómo la primavera es imparable, ajena a dramas, sospechas, infamias, mentiras. Y ves cómo los chopos eran hace un suspiro unos troncos secos, sin vida, hermosos y grises, y ahora ves cómo han despertado y se ponen hasta arriba de yemas y hojillas, y ves que el viento los mueve con elegante suavidad. Y ves que te van tapando el horizonte pero te van llenando de aromas y sonidos nuevos. El mundo está donde tú estés. Para compartirlo os iré contando lo que veo, lo que pasa ahí al lado, el trasiego que convive contigo y a veces no tenemos ojos para verlo.

(Esta serie es un homenaje póstumo al fotógrafo Paco Elvira, que tenía una serie en su blog que llamaba Fotos desde mi ventana. Paco moría hace unos días mientras fotografiaba parajes del macizo barcelonés del Garraf)

En apenas unos días, las choperas se van vistiendo. Os iré contando esa milagrosa transformación hasta el esplendor total

Tempranito, con el sol saliendo por donde se eleva Sierra Nevada

Al fondo, las sierras de Loja


Hasta los jaramagos están que se salen, y los tengo ahí mismo.

Por un lado, un cielo cuajado de nubarrones. Por otro, limpio y azul como los ojos de un niño

miércoles, 3 de abril de 2013

Maldeojos. Desagradables. Martes, 2 de abril de 2013



Desagradables

      Sabemos por experiencia, y se ha dicho muchas veces, que la tele tiene mala leche, y que acoge o rechaza por criterios tan personales como, a veces, extravagantes. A veces no sabes muy bien por qué te cae mal alguien o por qué te cae bien. Otras veces sí, y eres capaz de hilvanar un discurso con los pros y los contras. Es histórica la desafección catódica que produce José María Aznar, pero en una parte de la audiencia, claro, la misma que nivela su rechazo telegénico a su rechazo político. Seguro que a sus fieles ideológicos no les produce ese íntimo sarpullido cada vez que aparece en pantalla. Es ley de tele. La lista sería larga si tuviéramos que hacerla exhaustiva. Hoy me detendré sólo en dos personajes de ámbitos casi opuestos. Uno se acuna en las sábanas del humor. Otra, en el catre de los opinantes.

      Se suele tener por ingenioso, incluso ahora anda en El hormiguero elaborando un nuevo diccionario formado con trozos de una palabra y de otra hasta crear una nueva. Es Luis Piedrahita, el maduro que juega con su flequillo a ser Justin Bieber. Desternillante. En cuanto abre la boca, la caga. Siento no hallar con la brillantez con que el chistoso lo hace una palabra más ajustada. Su voz chirría como un pito desafinado. Su extraordinaria mandíbula y su tendencia a hablar dando saltitos ladeando la cabeza, hacen el resto. En verdad consigue que uno apriete el gesto como si tuviera delante un plato descartado con improperios por Alberto Chicote. La otra figura es Paloma Zorrilla, que se sienta en tertulias de diversas cadenas para defender al PP, haga lo que haga. Poco hay que decir. ¿Alguien la entiende cuando habla? Lo mejor es que es mejor no entenderla. 

Luis Piedrahita. Fíjémonos en el flequillo a lo Justin Bieber. Y en que como es una foto no lo escuchamos.
 
Paloma Zorrilla. Monísima. Y callada. La entendemos mejor. 
      


martes, 2 de abril de 2013

El origen del mundo. El viaje II. 1 de abril de 2013



El viaje II

     El autobús enfiló la autovía cuando al muchacho aún le quedaban unas horas de trabajo. Su rabo aún seguía tieso como la primera vez, cuando se levantó del asiento con la polla fuera del chándal buscando el coño de la blanca, despatarrada en los últimos asientos del vehículo. La monja se remangó el hábito y ofreció su carne intacta rogándole al dios negro que ni acabara dentro lo que tuviera que hacerle ni le manchara los faldones para no tener que dar explicaciones a las hermanas, resabiadas y lagartas que te ponen a mal parir en las horas de asueto dando vueltas al claustro, dijo la sor al muchacho, que asintió diciendo sí con la cabeza y preparando el  pájaro para colárselo por donde quisiera.
     Por el culo, hermana, por el culo, le aconsejaba una estiradísima viajera, que le dio la vuelta a la monja, le subió el hábito al lomo, le pringó con un dedo ensalivado el ojete, y apartando la mano del negro se hizo con la tranca acercándola al diminuto agujerillo de la carmelita con magisterio de mamporrera curtida en establos de mucho trasiego. Adelante, que aún te quedan unos cuantos viajeros, ordenó la señora. Aquello se coló entero para asombro de los espectadores, que esperaban tensos el grito desgarrado de la religiosa. Nada. Sólo unos tibios gemidos de divino placer que acabaron con la monja vuelta hacia el chico para que por amor de dios no intentara salirse. Pero el tiempo corría, y había que abreviar. Se acabó, hija, se acabó, que quedan viajeros esperando, cortó en seco la mamporrera haciéndose de nuevo con el todopoderoso, que estaba a punto de caramelo y fue colocado en una de las bocas que esperaban con ansia su turno.
     Con la última corrida, el muchacho lo tenía claro. Sí, esto es el paraíso, ha merecido la pena cruzar países, desiertos, pasar fatigas, jugarme la vida en el mar, pero aquí estoy, follándome como un negro a estos blancos tan simpáticos. Al llegar al destino, el policía se llevó al joven en un furgón por no tener documentos en regla. Los viajeros bajaron del autobús buscando sus maletas, desapareciendo como sombras entre el gentío sin mirar atrás. Rendido, el negro se quedó dormido junto al policía, que notó cómo al chico se le abultaba el chándal y asomaba por la cintura la cabeza de un pájaro de carbón que empezaba a volar, pero no estaba dispuesto a que se escapara…

lunes, 1 de abril de 2013

Maldeojos. Expedición a Marruecos. Domingo, 31 de marzo de 2013




Expedición a Marruecos

      Tiene poca audiencia, apenas un 5%. Lo que se dice cuatro gatos. Unos 800.000. No confundir con los gatos gemelos de Intereconomía y 13tv, que esos se apañan solos, se arañan solos –qué risa hace unos días escuchando a Javier Algarra saludando de nuevo a Cristina Alberdi, la ex ministra de Felipe González, que volvía al sitio del que nunca tuvo que haber salido, es decir, volvía al gato original después de pasar por la casa donde esquirol se escribe con mayúscula, y lo hacía porque, atención, “en esta casa hay sensatez, pluralidad, y rigor”. Les prometo que el tocino de su papada ni se movió-. La audiencia de Expedición imposible en Cuatro es como los Grandes documentales de La 2 –véase La vida de los grandes felinos, 5´3%, 708.000 espectadores-. Pero ahí me tienen, uno más de la manada. La relación con los programas es muy personal. A veces te quedas pillado donde menos lo esperas, y te dices ¿pero qué haces mirando esa mierda? Expedición imposible no es una mierda. Es más, es un buen programa de entretenimiento. Pero no ha enganchado como su primo Pekín Exprés. No, nada tiene que ver con sus presentadores. Jesús Vázquez le dio su toque personal. Pero aunque a Raquel Sánchez Silva se le diga que es fría, que parece de palo, y que no conecta con la audiencia, a mí me parece que no, que ni es fría, ni es de palo, y sí conecta con la audiencia. O sea, conecta conmigo. La tele es personalista. Todo se hace para ti. Como individuo. Si hay un programa que se llama Expedición imposible, y ese programa se hace no en cualquier lugar del mundo sino en Marruecos, ese programa está pensado para mí. Me hubiera dado igual qué parejas de más o menos conocidos formaran la expedición, pero ahora, asentado el programa, con la emisión de la décima etapa, ya cerquita de Marraquech, me quedo con los que están. 

 
A veces en el sur de Marruecos también se puede conseguir un desayuno así

Tal como son

      Se han ido quienes tenían que irse. No por haber perdido, que también, sino porque me producían un rechazo añadido. Cuando dejó el programa en las primeras entregas la vulgar, gritona, y ególatra Leticia Sabater –llevándose al mismo tiempo a su peluquera preferida, Raquel Mosquera, que ha pasado al Mira quién salta de Telecinco-, el aire fue más respirable. Esta patética cantamañanas creía estar en otro formato, como un Sálvame del desierto, donde había que organizar bullas, disputas, hacer mohines, gritar más que nadie. A la puta calle. Otras dos perlas con las que no pude ni siquiera tener la más mínima empatía, porque son de la escuela de la mentada, fue con las conocidas como hermanas Abradelo, María y Romy. Rescatadas de un olvido en el que deberían de haber seguido, las recauchutadas valencianas, estentóreas, vacuas, inanes, ordinarias y chillonas, también fueron puestas en su sitio gracias a la selección natural, en la calle. Me enganché al programa por ver de fondo el Marruecos del sur, el que más me gusta, pero luego empiezas a ver lo que hay delante, es decir, las parejas que se esfuerzan, la relación que se establece entre ellos, incluso te da tiempo a ir modificando opiniones de gente a la que viste en este u otro sitio. Y al contrario que la recua formada por las Abradelo, Sabater, o Mosquera, te das cuenta de que si en ¿Quien quiere casarse con mi hijo? David, un joven musculado que parecía pensar con el grifo de abajo, era sólo eso, un cretino pichabrava que babeaba en cuanto tenía delante un par de tetas más o menos desarrolladas, ahora, en un formato que no va de eso, descubres que David es fogoso, sí, que hace bromas con eso, pero ha resultado ser un sentimental, un chico noble, un niño con rabo grande que no hace trampas, que vive la carrera con mirada limpia, y que Dani, su compañero, más débil, también sacado de aquel espacio, un apocado, mimado, y protegido chaval cuya vida ha estado bajo el amparo de mamá o de la abuela, hace lo indecible por demostrar una fortaleza que no tiene, y que cuando, como ocurrió en la sétima entrega, se hace con el triunfo, es algo más que un triunfo televisivo porque el triunfo personal ha conseguido traspasar la pantalla entre lágrimas “para que mi familia, tíos, primos, mi gente, vea que no soy tan débil y puedo salir de la burbuja”.

Arreglando las murallas de Taza, al norte del país

Hay que volver. Insha´Allah

      Se ha dicho muchas veces, y lo voy a escribir otra más. La tele apenas engaña. La tele acaba mostrando tal como son. Por eso los políticos, por muy a gustito que digan estar en este u otro programa, jamás se relajan, jamás son como son en realidad, por eso su imagen es tan acartonada, tan lejana y fría, y siempre interpretando. Al contrario, desde los borricos de Mercedes Milá a los que hoy participan en Expedición imposible, en el momento en que pierden la noción de ser retratados por una cámara se produce el milagro de ser como se es. Por eso la imagen de Rafael Amargo en su aventura marroquí  es la de un tipo caprichoso, divo, la de un señor con muy mala hostia, un compañero insoportable que si está de buenas todo el mundo ha de estarlo pero si tiene el cable cruzado es hosco, maleducado, incluso maltratador. Que se lo pregunten a su compañera, Yolanda Jiménez, que además de sufrir las pruebas, estuvo casada con el menda. El artista va de payaso gracioso, pero su malafollá y bilis se parece a la de uno de esos niñatos que maneja Pedro García como Hermano mayor. Qué grima. En el resto de parejas está la ganadora. ¿Los toreros, Felipe y Noelia? ¿Tal vez Ismael e Iván, ex grandes hermanos, los que menos me gustan? ¿Y de Marruecos, qué decir de Marruecos? Pues que lo visto es una maravilla. Sus aldeas de adobe, sus fértiles valles, su gente, perpleja pero amable ante el extranjero, sus niños, sus casbas, el contraste de sus arrebatadores paisajes.  Por su culpa tendré que empezar a organizar otra escapada por aquel sur. Pero solo y sin cronómetro. Y sin la zozobra de encontrarme al bailaor Amargo. Insha´Allah.

La guinda                                                                                                  
Buena sustituta

      Las estrellas se han ido de vacaciones, pero los programas siguen, desde los sosos, banales y rellena horas, a los sesudos, rigurosos y más que necesarios. Al rojo vivo no podía ser distinto. Antonio García Ferreras ha estado toda la semana fuera. Pero en La Sexta han encontrado a una mujer con tablas, conocimiento, y soltura ante las cámaras. Cristina Pardo ha demostrado estos días que sabe hacer las cosas bien, muy bien. 
Medina de Taza, de construcción racional -francesa- pero muy deteriorada. 
 
En Asilah, a media hora de Tánger. Al fondo, las murallas que dan al Atlántico. En primer plano, veraneantes de otros lugares del país. En Asilah no hay costumbre de que las mujeres vistan así -en el resto de Marruecos tampoco es frecuente, aunque en los últimos años van en aumento-.



En este cafetín de Asilah me paso las horas muertas. Tomo té con yerbabuena, leo, miro, y escribo.  

Asi de feliz se me ve en este país. Es de hace unos meses, de mi último viaje a Marruecos.
Inseparable mi cuaderno de notas. No paro de escribir.