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viernes, 8 de febrero de 2019

Maldeojos. Embarquémonos


Embarquémonos
(Artículo publicado el jueves, 24 de enero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Lo que propone El embarcadero –en Movistar, completa la primera temporada-, no es frecuente, es más, te pilla a trasmano, porque quizá como ejercicio de reflexión, como producto creativo, te guste y lo disfrutes, pero si lo vives en tus carnes, sobre todo en tu corazón, quizá la cosa cambie. El embarcadero es la historia de un hombre enamorado a pares. Ya lo dijo cantando Antonio Machín. Yo no puedo comprender, decía la letra, cómo se pueden querer dos mujeres a la vez y no estar loco. Pues eso, el primer capítulo de El embarcadero te pone frente a la tesitura que vive Óscar, Álvaro Morte, un tipo que parece que no finge, que no dice un guión, que no interpreta, queriendo al mismo tiempo a Alejandra, su esposa, la siempre creíble Verónica Sánchez, y Verónica, Irene Arcos. Y queriéndolas mucho, como si cada una fuese única y no existiera la otra.

     La muerte de Óscar, que sucede en el minuto 20, deja caer la cortina de la realidad que, sobre todo su mujer, desconocía porque jamás podía sospechar la otra cara del corazón de Óscar. A partir de ese momento se inicia una reconstrucción sentimental de los ocho últimos años de relación apasionada que vivía el protagonista con la amante. ¿Amante? Ahí está el quid de la serie. Volvamos al principio. ¿Se puede amar a dos personas a la vez y no sólo no estar loco sino no ser un sinvergüenza? No estamos preparados para eso. Creo que no, mucho menos si te toca llevar “los cuernos”. Sonia Martínez parió la idea que desarrolló Álex Pina y Esther Martínez, y dirigió Jesús Colmenar y Álex Rodrigo. La Albufera valenciana pone el contrapunto lírico y dramático de la historia, un lugar hermoso para embarcarse en una aventura parecida. O no.  

domingo, 9 de septiembre de 2018

Maldeojos. La República


La República
(Artículo publicado el jueves, 6 de setiembre, en diarios del grupo EPI PRESS)

      Que llega. Que sí, que viene. Que al fin llega La República. Y eso que hasta don Pablo Iglesias, republicano de pro, da las gracias expresas al jefe de Estado por la llamada que hizo Felipe VI al secretario general de Podemos y a Irene Montero, su pareja, por ser papás de mellizos -¿se puede decir papás y no papá y mamá sin caer en pecado mortal de lenguaje no inclusivo y de un machismo transoceánico, asilvestrado, tónico, sádico, escuálido, y tonto del haba?-. Uno pensaba, quizá, que después de dos meses, Iglesias el papi chulo, volvería sin coleta, tal vez sin su camisa de cuadros, quizá con la barbilla un poco rasurada, pero hete aquí que llega al plató del informativo de Pedro Piqueras con la misma imagen, ni más moreno ni más escuchimizado ni más barrigón, mensaje oculto a los suyos para que vean que “aquí no ha cambiado nada, y el jefe sigue siendo el jefe”.

     Pues a pesar de todo eso llega La República, no como gobierno sino como serie. Oh. Después de siete años en el cajón, al fin se recupera. A este espectador se le había olvidado aquel éxito de la pública, que con con la llegada del PP y, por tanto, de la nueva dirección de RTVE, se escondió. Se secuestró, dijo el otro día en el FesTVal de vitoria Fernando López Puig, director de ficción de TVE, como ocurrió con Tres días de abril, Volveremos, o La conspiración. Félix Gómez, entonces jovencísimo protagonista de La República junto a Verónica Sánchez o Alejo Sauras –extraordinario ahora en su personaje de Estoy vivo, con la segunda temporada pidiendo paso- habló de censura. Rescatar La República para su emisión en La 1 es otro pasito más en la buena dirección de la nueva dirección.




jueves, 24 de marzo de 2016

Maldeojos. El Caso



El Caso
(Artículo publicado el jueves, 17 de marzo, en diarios de EPI PRESS)

      Desde el minuto uno me atrapó. Hablo de El Caso, que estrenó La 1 el martes. Salvo los muy jóvenes, todo el mundo sabe qué era El Caso. El periódico para porteras, se decía con desprecio. Tal vez fuera así. Jamás lo leí, no porque no fuera portera, quién no lleva una dentro, sino porque andaba en otras cosas. Visto hoy, con distancia, aquel periódico retrató con una crueldad y sordidez una España que nada tenía que ver con los mundos que el franquismo se encargaba de propalar, mundos de gente feliz que vivía en una paz decretada. El Caso, la serie de La 1, me enganchó desde el primer plano por su fuerza, por su cuidada ambientación, por la potencia del primer caso, un crimen en el que se vio implicado personal de la base americana de Torrejón. O sea, la bomba.

      El primer capítulo exhibió un brío indesmayable. Aunó tensión dramática con retrato de aquella España machista donde los discursos oficiales estaban cargaditos de palabras tan hueras como perversas sus intenciones. Dando empaque a la historia, al caso publicado, un puñado de periodistas encarnados por una excelente Verónica Sánchez y un, quizá, en exceso arquetípico Fernando Guillén Cuervo –de él es la idea-. En realidad destaca todo el equipo, desde Fernando Cayo al siempre buen malo Antonio Garrido o Marc Clotet, que se desvela como un casado –con hembra, claro- que oculta unos gustos sexuales que en la España del franquismo, de tan condenables, ni se podían imaginar. La banda sonora es potente, cuidada, y subraya sin atosigar los grandes momentos. Detrás de este tinglado, dos grandes artífices, Aitor Gabilondo y César Benítez –El príncipe, Allí abajo-. Dirigió el capítulo Iñaki Mercero. El Caso, oro puro en La 1.



lunes, 25 de mayo de 2015

Maldeojos. Verónica Sánchez




Verónica Sánchez
(Artículo publicado el jueves, 21 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

      No la conocía bien, ni siquiera me constaba que esta mujer existía más allá de ubicarla de refilón en una serie que ni seguía ni dejaba de seguir ni lo contrario. Los Serrano era una institución, y sus personajes, de la familia, aunque no de la mía. Jamás reconocí mi familia en esos guiones, en sus tramas, en aquellos desternillantes desayunos, en ese ir y venir a una mesa repleta de marcas para consumir. Por allí, entre grandes y pequeños, andaba Eva, la hija mayor de Lucía -Belén Rueda-. No me llamó la atención su forma de actuar, ni la del resto del elenco. O no recuerdo que lo hiciera ninguno. Pero cuando ahora veo a Antonio Resines, el papá Serrano, en subproductos como Aquí Paz y después Gloria, compruebo que sigue levantando el dedo al hablar, que no salió de Los Serrano.

      El caso de Verónica Sánchez es distinto. Ha hecho más cosas, aunque su personaje en Los Serrano está ahí. Pero es pasado. Ahora la vemos en Sin identidad, en Antena 3. Y me embelesa. Es verdad que una de Jaén no habla así, pero tampoco hay que ponerse tan tiquismiquis. Verónica Sánchez es la hermana de María, Megan Montaner, y creo que es de los personajes que más está creciendo, que más perfiles muestra, que más ha cambiado. Su ordinariez, su frescura, sus gestos, su nuevo estatus social no sólo no le han borrado la conciencia de su origen humilde, trampero, lumpen y canalla sino que echa mano de él para dejar claro que está dispuesta a todo, pero a la vez, en su mirada y su forma de decir las cosas se advierte algo parecido a la piedad y el sentimiento. Tanto matiz sólo puede conseguirlo una gran actriz. Verónica Sánchez ya no es una Serrano. 


Verónica Sánchez, izquierda, y Megan Montaner, derecha. Ambas hacen un buen trabajo en Sin idendidad.