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lunes, 28 de octubre de 2019

Maldeojos. Masterchef chunguito


Masterchef chunguito
(Artículo publicado el domingo, 20 de octubre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

      Los han mantenido tanto porque daban juego. Cocinar no cocinaban mucho, pero son graciosos y dan bien en pantalla. Algo así he leído por ahí refiriéndose a la expulsión la semana pasada de los hermanos chungos de Masterchef, chungo, chungo. Los Salazar, don Juan y don José, entraron al programa de cocinillas como cómicos de carreta para dar la nota, que es lo que saben hacer. Cuanto más tontos, mejor. Cuantas más paridas suelten, mejor. Cuantas más burradas expelan, más sube su cotización. Vamos, que no los aguanto. Pero no de ahora. Hace tiempo que no puedo consumir ese tipo de grasas indigestas. No me hacen gracia. Los Chunguitos, lejos. Es un humor parecido al que mucha audiencia ve en el ridículo Mario Vaquerizo, que hace de la necedad, estulticia e ignorancia un túmulo a lo divertido convirtiéndolas en valor, en ejemplo. Los chungos señores de Los Chunguitos, igual. A este dúo de mequetrefes los había olvidado desde que en los platós de la tele antigua salieran cantando aquello de Me quedo contigo y su “si me das a elegir entre tú y la riqueza, con esa grandeza que lleva consigo, ay, amor, me quedo contigo”, bellísima balada rumbera, de barrio extremo y dolorido que Carlos Saura elevó a categoría de símbolo y retrato social, con trazo nostálgico y romántico en Deprisa, deprisa. Aún me emociono recordando la última escena de la película, cuando la chica –la alicantina Berta Socuéllamos, actriz de esta sola peli- enamorada del chico malo, que moría en una desolada habitación, se perdía en la noche mientras las voces del barrio en la lejanía se mezclaban con la canción de Los chunguitos. Era la década del 80. Y se acabó. Pero con el paso del tiempo, digo, saltaron a las teles y a los platós, “descubiertos” de nuevo como productos de risa, como personajes de una España de palmas y flamenquito, de artistas sin instrucción pero como grandes supervivientes. Y Telecinco, con su gran olfato para resucitar y poner en circulación a esta peña, se tiró al cuello de los hermanos y los puso en órbita.

La influyente
     Antes pasaron por programas “menores”, o no tanto, como El hormiguero, que como sabemos, si se remanga, convierte a ultraderechistas que dan miedo en ciudadanos de sonrisa educada y maneras domesticadas y a ignorantes patanes que el espectáculo eleva a categoría de ejemplo. Pero fue Gran hermano VIP quien los lanzó a un estrellato cuya columna vertebral fue, y es, lo ramplón, paleto, iletrado, ignorante, programas y más programas, como Los gipsy King, que abundaron en el mismo perfil, el de los absolutos bárbaros analfabetos. Este bagaje es el que los ha llevado a Masterchef, no hay otro, no hay otras razones que las de empujarlos al ridículo de la tosquedad, vamos, al eterno y conocido tonto del pueblo. Ellos, encantados. Hay que ganarse la vida. ¿Y el programa? Hace tiempo que me desconecté de Masterchef. No sé con exactitud cuándo dejó de interesarme como espectador, pero quizá tuvo que ver con las ediciones grabadas con personajes famosos, esa ridiculez llamada Masterchef celebrity, después de la normal, es decir, anónimos aficionados a la cocina, y la infantil, o sea, Masterchef junior. De los famosos, de las celebridades, se espera no que cocinen bien, un  detalle que se puede ir perfilando, sino que den marcha, espectáculo, que usen sus armas profesionales para que la pantalla se tense. Aquí la única que grita soy yo, decía la actriz Anabel Alonso como jefa del grupo azul al actor Félix Gómez, que pedía a sus compañeros rapidez y concentración dando voces mientras colocaba la carne en una olla gigante, actor por el que, al parecer, Boris Izaguirre, juguetea con la posibilidad de besuquear sus morros, tonteo que al chef Jordi Cruz le ha provocado unos celos de cómic que acabaron en un beso labial entre chef y concursante, hecho que dejó con los ojos como sartenes a Vicky Martín Berrocal, presentada en la web del programa como “independiente, polifacética y emprendedora”, una mujer, escriben, de las más respetadas e influyentes del país. ¿En serio? Ojo, que no digo que no, sólo que se me quedan, como a ella, los ojos como dos sartenes de hacer migas.

La cocinera beata
     Más aún cuando, así, para herirme en lo más profundo como un Quim Torra que delira a tiempo completo, aparece de amarillo canario, con su pelo tintado y ahuecado como una señora que se va de boda, el gran Raphael, que responde a las preguntas del chef y jurado Pepe Rodríguez reconvertido en entrevistador, ambos sentados en una sala del Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia para después probar un ajoblanco. Pero aún hay más. Vuelve a los fogones del programa, como una estrella habitual, esas que te vas tropezando a lo largo de tu puta de vida de espectador a pesar de tu rechazo vehemente, un tal Santiago Segura, al que le ponen un delantal rosa para el reto, tipo que encaja uno de sus gestos comodín, suelta su parida para la ocasión, pone la mano para cobrar, y que arda el mundo. Aspirantes, dice Pepe Rodríguez, vais a venir de uno en uno a enseñarnos vuestros huevos. Ohhh, sueltan todos a la vez. Pero qué huevos, quiere saber un Chunguito. En eso consiste el reto, desvela al fin el cocinero y jurado, se trata de ver quién hace los mejores huevos que os pidamos. Qué reto tan superoonda, suelta Boris Izaguirre arrastrando la sílaba on hasta el infinito y más allá. Menos mal que a Tamara Falcó, la hija beata de la Preysler, apenas se le entiende lo que dice, pero ahí está, en Masterchef, como otra chunguita de libro. Las pijas son así. Y los programas de cocina que son todo menos eso, también. Sigue así y te vas, le soltó a la “polifacética” Vicky el jurado Jordi mirando como un mihura enfadado porque la “emprendedora” zampa más que cocina, y esta semana, además, presentó un plato de cítricos sin pelar siquiera la naranja. ¿Qué nombre le puso? Se llama, dijo Berrocal, chungo, chunguito. Esta semana el invitado fue Mario Vaquerizo. O sea, chunguito total. ¿Quién da más?

La chispa
Salvad a Christian
Ya lo han liado. Como Pasapalabra se tuvo que retirar de Telecinco por orden del juez, acusada la cadena de plagio, Telecinco lleva desde el 1 de este mes estirando Sálvame hasta el folletín nocturno de Pedro Piqueras. Ahora se ha creado una sección dentro del programa de Jorgeja, otro concurso primo de Pasapalabra. Ligar Sálvame a Christian Gálvez, aunque sea de refilón, siempre es una mala opción. Siempre.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Maldeojos. Cuatro y los freaks




Cuatro y los freaks
(Artículo publicado el domingo, 1 de marzo, en diarios de EPI PRESS)

     Que me meo, que me meo, niño, dónde hay un váter, que me meo vivo. La frase podría decirla cualquiera entre amigos, pero se la escucho a un Chunguito, cuya estela, como la de Mario Vaquerizo, parece no irse de nuestro lado pase lo que pase. Ahora vemos a estos tipos, a los hermanos Salazar, en Cuatro, en Los Gipsy Kings haciendo tontadas de tontos sin fuste, dejándose guiar por los guionistas, y ellos, en este ocaso dorado de su carrera finiquitada y patética hacen el payaso creyéndose el jaleo que provocan. Creo que está claro. Los Chunguitos forman parte de Los Gipsy King por gitanos, a los que la cadena de Mediaset, entregada a la causa de la igualdad y el respeto a la diferencia y la diversidad cultural y esas cosas, dedica la noche del domingo. ¿Haciendo reportajes que retraten la realidad de esta etnia, haciendo reportajes o entrevistas para denunciar que algunos reportajes y entrevistas y programas y magacines se fijan en los gitanos no para hablar de lo que nos puede unir sino de lo que nos separa, y además para reírnos de sus diferencias? No. Haciendo Los Gipsy King o reponiendo después, para que no decaiga la carcajada, Palabra de gitano. Es decir, puro Cuatro. Si me pongo el tanga se me sale el “miembro civil” porque lo tengo muy grande. Esta frase la podría haber dicho alguno de los zoquetes que la cadena explota en ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, en Gandía Shore, Adán y Eva, o en la serie de los tarados Gym Tony, donde no hay nadie que represente a la parte de la sociedad que no tenga “algún defectillo”. Pero no, si me pongo el tanga se me sale el miembro civil porque lo tengo muy grande lo dijo uno de los chungos. Y en verdad aquella imagen de aquel tipo en tanga era perturbadora. ¿Qué pintan estos gitanos en Los Gipsy King? Nada, carne de negocio. Puro escarnio. Gente bruta, zafia, barata, haciendo el ridículo por dinero.

Ay, payo, que con este tanga me se sale el miembrio civil por el lao, que lo tengo mú grande. Es el nivel, el top de los chistes de estos pájaros a los que se les premia su ignorancia. Cuatro se ha convertido en la aplicada aprendiz de su hermana mayor. Y lo hace como dios. ¿De verdad que alguien tiene agallas para aguantar este tipo de imágenes y a este tipo de elementos?



La Rebe y las otras

       Hay otras familias de gitanos en el programa, y cuanto más salen, más socaban su imagen, más hunden al pueblo gitano. En la última entrega de Los Gipsy King La Rebe, una adolescente de 15 años que parece una meretriz buscando clientes, asiste a una lección al aire libre, como hacían los filósofos griegos, donde las gitanas casadas la instruyen en el arte del matrimonio, es decir, sometimiento y punto en boca. Cuidar al macho para que el macho de la casa esté servido como un marajá y ella dispuesta a lo que haga falta, que para eso es mujer, y siempre arreglada, “que tu marido te vea guapa” y no busque en otras lo que tú tienes que darle. En fin, da asco. Claro que esto es así, pero el programa se mantiene en una equidistancia vomitiva. Ni una pizca de crítica, ni una sola gitana que piense de otra manera, nadie que advierta de que eso hay que cambiarlo, que es denigrante, que en este país, payos o gitanos, están amparados por la igualdad. No sacan el contrapunto de alguna asociación de gitanos con estudios, sí, lo digo así, con destacado, porque los que sacan son medio analfabetos, niñas que cuyo sueño es “ronear” y buscarse un buen partido, mocitos calavera a los que jamás se les ve yendo a clase o cogiendo un libro, pero sí ejerciendo de machos alfa del clan, putitos y chulos. Una pena. El resto de estos “reyes gitanos” de pandereta para diversión de payos es igual de lamentable. Forman parte de las trazas y sello de la cadena, de su apuesta por los personajes extravagantes, y como tales, y desde ese criterio, Cuatro se ha fijado en los gitanos como se podía haber fijado, o se fijará, en otros grupos, en otros monstruitos. Ustedes me dirán que hay que tomarse las cosas menos en serio, a broma, que estos programas no hacen daño a nadie, que tratan de acercar la realidad de una etnia, de un grupo, de un pueblo y sus costumbres, a los payos para comprenderlos. Ja. ¿Así? 


Es la Rebe. Gitana. 15 años. Es medio analfabeta, pero ya posa como una meretriz con aspiraciones. Es la imagen que Los Gipsy King da de los gitanos, una vergüenza sin paliativos.


El caloret

      Cambio de película. ¿Cambio de verdad? Veamos. Se ve un hombre que en vez de pies parece que tiene zarpas, a otras dos criaturas que comparten la misma cabeza, a una mujer que camina sobre cuatro brazos. Son diapositivas proyectadas en la pantalla. De repente irrumpe un señor en la oscuridad del plató que camina bien, erguido, y no parece que tenga dos cabezas, cola de león, o vomite espumarajos ni hable en lenguas. Dice que la luz del proyector rompe la oscuridad del entorno de este lugar donde se viaja en el tiempo en la nave del misterio para ver en la “vieja pantalla una historia nueva con códigos antiguos pero que revela elementos no conocidos”. Habla rápido, como atropellado, comiéndose las sílabas. Al final, como redondeando la escena, dice que todos hemos oído hablar de los freaks, es decir, cuando la naturaleza comete errores y se da una especie de aberración desconocida, fascinantes para muchos, se anima él solo, recuerden el caso del hombre elefante, aceptado por la gente de su tiempo, como ocurría aquí en España con los circos ambulantes que recogían a esta gente y así podían comer, gente considerada monstruos, como el hombre que vamos a ver, el hombre de las dos caras, que llegó a decir que tenía un diablo pegado a la nuca… Basta. Está claro. Cuarto Milenio va hoy de freaks, de monstruos, de gente zumbada, rara, charcutería propia de Mediaset, la especialidad de Cuatro. Quien habla es Íker Jiménez, que da paso a una señora, la suya, Carmen Porter, para que “amplíe los datos de esta historia real”. Y ponen la foto del pobre hombre, del monstruo, del freak. Acostumbrados los espectadores a un programa tan riguroso y cabal, uno, que es un recién llegado, echa en falta en la lista de freaks y gentes de la carreta al propio Íker, el hombre que se pone hasta el culo y flipa con una nave que no es nave y habla de majaderías sin cuento. Tampoco saca a santa Rita, Rita –Barberá-, monstrua fallera, lo que se bebe no se quita, le dijo Andréu Buenafuente, otro monstruo, ni a Rouco Varela, que se gasta 500.000 euros de nuestra saca para arreglarse su pisito de pobres en zona in de Madrid. Viva el caloret, vivan los freaks, viva Cuatro. 

Sin comentarios. Esta señora es la alcaldesa de Valencia. ¿Freak? Eso y algo más. Pero seguro que le lloverán los votos. Viva el caloret del votet del valencianet pa mi coñet. 


La guinda

3.000 millones
Lo hemos visto y leído. Endesa ganó el año pasado más de 3.000 millones de euros. Lleva razón Mariano Rajoy. Hay que hablar de la crisis en pasado, como hizo sin el más mínimo asomo de piedad en el debate del estado de la nación. En paralelo, lógico, algunos programas y tertulias recuerdan que millones de familias no pueden pagar el indecente y desorbitado recibo de la luz. ¿Eso es demagógico o patético, señor Rajoy?

domingo, 17 de agosto de 2014

Maldeojos. Lolailo



Lolailo
(Artículo publicado el sábado, día 16 de agosto, en diarios de EPI PRESS)

      Si alguien como Alaska y Mario Vaquerizo tienen su programa, sus 24 horas seguidos por una cámara porque sus vidas son apasionantes, y a sus seguidores les gustaría verlos en casa, recibiendo a invitados, viajando hacia un concierto, o diciendo gilipolleces porque hay que subir el listón de la estulticia, ¿por qué alguien como Los Chunguitos no va a tener el suyo? José y Juan Salazar, hermanos de las Azúcar Moreno, llevan 40 años dando tumbos sobre los escenarios cantando coplillas de estilo lolailo que tuvieron mucho predicamento hace décadas, canciones donde se habla de amores imposibles o se encubra con versos empalagosos a la mujer querida, pero también hablan del estilo de vida de los apestados sociales, quizá por la droga, por la cárcel, o porque queda bien en una canción meter un poco de gitaneo bien asimilado, integrado, aunque con su poquito de victimismo. A esas horteradas lo llaman ahora flamenquito.

      Es cuando a mí me dan unas arcadas que no puedo aguantar. Flamenquito. Eso es nada. Es lolailo sin fuste. Los Chinguitos son de otra época, en todos los sentidos. Pero, quizá por el tirón de sus hermanas, se pensó en ellos. Fueron desempolvados, maquillados, y se les soltó en la pista de Tu cara me suena, el excelente programa de Antena 3. Y como este dúo, estos hermanos no tienen doblez, su incultura y su ignorancia jugó a su favor porque no resultan impostados sino naturales, frescos, primitivos. Y una productora los ha convertido en Los gypsy King para Cuatro, unos reyes gitanos que nos mostrarán su día a día. Para Los Chunguitos es un regalo lo que les está pasando. Para este espectador es una tortura que sólo tiene una solución, correr cuando los veo. Flamenquito que soy. 

La valoración de los chunguitos en la final de Tu Cara me Suena
Tu cara me suena, el programa de Antena 3, resucitó al dúo de lolailos, y la bola de nieve empezó a crecer. Su ignorancia y su simpleza son sus bazas. Creo. No creo que sea su música ni su verbo ni sus reflexiones sobre la actualidad.