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martes, 23 de julio de 2019

Maldeojos. La Obregón


La Obregón
(Artículo publicado el domingo, 21 de julio, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Que no, hombre, que no son Los Obregón. Es la Obregón, Anita, Ana Obregón. Una hora con Ana Obregón es mucho. Dos o tres horas es demasiado, quizá una meticulosa y bobalicona tortura que diseñó el miércoles por la noche La 1. A la bióloga Obregón le dedicó la televisión pública un Lazos de sangre que, oh, maldito sea, muestra a un Boris Izaguirre no elegante, como se decía, sino desaforado, histérico e histriónico. Al menos en la presentación en directo del debate posterior al reportaje central del programa. Me quedé loco viendo y escuchando a Izaguirre, que vociferaba como la loca que de golpe volviera a subirse a la mesa de Crónicas marcianas y estuviera a punto de bajarse las bragas. Pero Lazos de sangre no va de Boris sino de las sagas.

     Según quienes la conocen, desde Antonio Resines a Rosa Villacastín o el recuperado para el mundo del chisme Jesús Mariñas, la Obregón es una trabajadora sin tacha. Me lo creo. Pero qué le vamos a hacer. Su trabajo no me conmueve. Y su personaje, de tan inflamado y hueco, inane y bobo, fantasioso y fatuo, menos. Se destaca de este Lazos de sangre –qué estupidez de programa para la tele pública- que, sin que sirva de precedente porque Anita Obregón la Fantástica es un cascabel, se emocionó contando los malos momentos que se vivieron en la familia –o sea, ella y su nene, como dando a entender que Lecquio ha sido un pelanas como Jesulín con su Andreíta Cómete el Pollo, Coño- al saber del cáncer de su hijo Alejandro. Y que desde entonces, recuperado el joven, cree en dios.  Que TVE apueste por este tipo de chuminadas da rabia y vergüenza.


martes, 9 de julio de 2019

Maldeojos. Celebridades


Celebridades
(Artículo publicado el domingo, 7 de julio, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Es tan digno de admiración como de rechazo que TVE, La 1 en concreto, vuelva a las llamadas sagas familiares que desde la pantalla se han convertido en apéndices más repetidos que el ajo en el gazpacho. El verano pasado La 1 emitió Lazos de sangre, y sonó la flauta. Presentado por Inés Ballester –hoy fuera de la cadena pública después de que su Amigas y conocidas, una tertulia de baja intensidad, de temitas de maris para maris con inquietudes, fuese mandado al desguace sin miramientos- hizo aceptables datos de audiencia, datos que hoy, sobre todo hoy, sería bueno que superaran ese 8´7% con que cerró junio, un mínimo histórico para la cadena pública. La segunda temporada de Lazos de sangre, como saben porque TVE lo ha promocionado a lo grande, cuenta con Boris Izaguirre, presentado como un caballero elegante, culto, delicado y curioso.

     Y multiusos. Lo mismo entrará a casa de la baronesa Thyssen que a la de los Martínez de Irujo, es decir, los Alba de toda la vida o a la de la Preysler, que puede ser lo quiera, marquesa del cuché, duquesa de la exclusiva, reina de la cerámica, o emperatriz del tocomocho y tiro porque me toca, mujer que ha hecho de su chichi un emporio que ha elevado a un concepto marciano el concepto de “ama de casa”. Pero Lazos de sangre no sólo flipa con los oropeles de la sangre bendecida por títulos de ilustre abolengo sino por especímenes de ilustre necedad bajo el amparo de un apellido como Pantoja que lo mismo te canta una tonadilla que se baja las bragas para defecar detrás del cocotero. La pregunta, llegado a este puto punto, es obvia. ¿Es Lazos de sangre lo que TVE necesita para remontar su audiencia?


domingo, 19 de agosto de 2018

Maldeojos. No, no y yo


No, no y no
(Artículo publicado el jueves, 16 de agosto, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Veo a Jota Abril entregadísimo en una tertulia de por La mañana, en La 1, hablando de los residuos tóxicos de Lazos de sangre, ese programa inverosímil y absurdo que emite los jueves y que no, y no, y mucho no, debería de emitir la tele pública. La presentadora oficial del programa en verano, Silvia Jato, también participa con mohines, apuntes y, siempre, siempre, sentada como una señora que domina esos quehaceres del sentarse con las patas cruzadas y echadas en paralelo a un lado, postura tortura sólo comparable a la banalidad insoportable de este tipo de espacios que emite la tele pública y que no, y no, debería de emitir. Lo de Lazos de sangre clama al cielo. Los Sánchez Vicario –hoy-, los Pantojos, los Rivera, los Jesulines, los Flores, o los Mohedano y el rollo de la más grande, en fin, un Corazón, corazón sin fin, como si con las ridículas entregas ante el plasma de la estupenda Anne Igartiburu no fuesen suficientes.

     Pues parece que no, parece que no es suficiente. Porque terminado Lazos de sangre, con momentos hilarantes como el de Ortega Cano diciendo que a veces habla con Rocío Jurado y que le pide que le eche una manita cuando la cosa va mal, momento álgido como su famoso “estamos tan a gustito”, irrumpe en tromba “directas y en directo”, apunta con verbo ingenioso el narrador de la pública, otra tertulia exhaustiva, la de Amigas y conocidas para que no haya resquicio sin hollar, matiz que escape, punto de vista sin analizar sobre estas sagas que se colaron por las puertas y ventanas de TVE y ahí siguen, como garrapatas. Presentada también por Inés Ballester, el aquelarre en torno a esta gente es de un hastío que ni el estío hace tragable.