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lunes, 18 de junio de 2018

Maldeojos. No son iguales


No son iguales
(Artículo publicado el jueves, 14 de junio, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Este Pedro Sánchez es un demonio. No lleva ni una semana de presidente de Gobierno y ya está dando muestras de ser quien uno no creía que era. La otra noche, cenando en casa de unos amigos, me quedé pegado a la pantalla cuando alguien advirtió de lo que se decía allí, con letrero de titular incluido e imágenes ilustrativas en el informativo de Antena 3. Que el Gobierno acogerá por el puerto de Valencia a una horda de negros que vagan por el mar procedentes de Libia, y a su vez de infiernos particulares de hambre y horror. Que los gobiernos de Malta y de una Italia en manos de la ultraderecha cerraron los suyos y que cada perro se lama su capullo. Que Josep Borrel, reciente ministro de Exteriores, con el aplomo de los zorros, cortó en seco la posible tontería de quienes rechazan el ofrecimiento con esta sentencia, “la otra opción es que se ahoguen las 629 personas”. El presidente valenciano, Ximo Puig, y el ayuntamiento de la ciudad, son la raíz de este despiporre en nombre de la “solidaridad real”, según Bruselas.
     
     De nuevo, y en cuestión de horas, medio mundo mira a España con perpleja admiración y aplaude las decisiones del presidente socialista. Este Pedro Sánchez es un diablo. El subidón de orgullo, el nivel de contentura, y la satisfacción de ver cómo los hechos no son como eran porque se puede gobernar con otro criterio desmontan lo que la mayoría, incluido este comentarista, tenía interiorizado, que da igual quien gobierne, que todos son iguales y que no hay diferencia. Y llega Pedro Sánchez y pone la idea patas arriba. No da igual quien gobierne. No es lo mismo el PP y Mariano Rajoy que este PSOE de Pedro Sánchez y su Gobierno. No son iguales. Esta marca España me gusta. Mucho.

jueves, 7 de junio de 2018

Maldeojos. Sin crucifijo


Sin crucifijo
(Artículo publicado el martes, 5 de junio, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Han tenido que pasar seis presidentes democráticos ante el jefe del estado para ver que en el juego de las diferencias algo nuevo ocurría en la recoleta mesita, vestida con telas acolchadas de un lujo señorial y sobre la que los nuevos presidentes decían de manera solemne que acatarían la Constitución. Ya sé que es una nimiedad, ¿lo es?, el hecho de que Pedro Sánchez, flamante presidente del Gobierno, acatase la Carta Magna ante lo que debe de acatarse, la Carta Magna. Tiene redaños que esa nimiedad, ¿lo es? sea tan llamativa que pasará a la historia como la primera vez que ocurre. Claro que hablo de los símbolos religiosos, ni crucifijo ni Biblia, de los que por expreso deseo del nuevo gobernante, desaparecieron en su toma de posesión en esa escena a la que estamos tan acostumbrados. Pedro Sánchez posó su mano sobre la Constitución. Ni la Biblia ni el crucifijo pintan, nunca han pintado nada, en ese momento de alto compromiso civil.

     Ni siquiera siendo creyentes los que toman posesión. La religión, la fe, la creencia, los símbolos externos, y mucho menos la manita sobre el libro sagrado de los católicos, ha de presidir un acto tan importante, tan solemne, y tan de vital importancia que afecta a los ciudadanos, a todos los ciudadanos de un estado, mil veces hay que recordar lo obvio, aconfesional. Me ha gustado el gesto, el primer gesto. Y no, no es una nimiedad. Cuando vi la sala de audiencias con los gerifaltes del estado marciales y atentos a la escena, y vi que en la pantalla, en el juego de las diferencias, faltaba el crucifijo y faltaba la Biblia empezó a caerme bien un Pedro Sánchez que, de golpe, dejó de ser un chichinabo para ser alguien con criterio. Mañana le echaré los perros, pero hoy…