El show de la muerte
(Artículo publicado el domingo, 5 de abril, en diarios de EPI PRESS)
Señora, ¿tiene
asumido ya que jamás volverá a ver a su hijo? Señora, ¿llorará mucho cuando
esté sola? Cualquiera puede pensar que estas preguntas están a la altura de las
míticas que elevaron a Nieves Herrero
a principios de la década del 90 a la categoría de reina de la basura
televisiva, cuando la dama se puso fina y estupenda y se marchó al pueblo de
Alcàsser a montar su carpa para indagar ante las cámaras lo que es el dolor por
la pérdida de tus hijas el día en que aparecen sus cadáveres y medio país vive
el hallazgo como si aquellas niñas fueran de todos. Pero no, las frases de
arriba las hace un periodista del siglo XXI, Josep Cuní, un hombre que mantiene una conversación con Mercè Gorris, madre de uno de los
fallecidos en el accidente de avión del Airbús 320 de la compañía Germanwings
en los Alpes franceses, una tragedia que se llevó por delante a 150 personas.
La conversación ocurre en una tele local, 8tv Catalunya, y al tal Cuní le faltó
coronar la entrevista como se coronan estos encuentros donde en nombre del
periodismo se dan los desatinos más abyectos. Señora, tenía que haber
preguntado, ¿qué se siente al perder a un hijo así, sabiendo que nunca más lo
volverá a ver? Desde 1993 a 2015 han pasado 22 años, se ha criticado por arriba
y por abajo esa forma sucia y carroñera de hacer televisión, hemos visto medio
compungidas a las estrellas de la tarde, la mañana y la noche haciendo
pucheritos de arrepentimiento, dando a entender que no, que no volverán a caer
en la tentación, que el periodismo no tiene nada que ver con la exhibición
obscena, interesada y especulativa del dolor y de los sentimientos, pero mira
por dónde un lunático decide estrellarse junto a un puñado de viajeros en un
vuelo que sale de Barcelona y jamás llega a Dusseldorf . Y todo vuelve a
comenzar.
Este es Josep Cuní, el periodista que le preguntó a la madre de uno de los fallecidos en el accidente de Germanwings si tenía ya asumido que jamás volvería a ver a su hijo. Toma, eso es periodismo de datos. A mí, por otra parte, me arroba ese gesto de determinación forzada, esa pose de actriz que trata de ocultar la papada. Pero no me hagáis caso, son cosas mías. |
Turismo necrológico
La otra mañana,
todas las cadenas, aunque tienen a sus reinas en reposo, retomaron el tema con sus
sustitutos. De La 1 a Telecinco. Todas enfrascadas en el barrizal, dando vueltas
como las da un cuervo, un buitre, una urraca, una corneja. Se ha analizado el
ADN de muchos cadáveres, pero aún quedan otros tantos por analizar, es decir,
aún hay caso, aún se puede localizar a un padre, a una madre, a un hermano
dispuesto a contar “¿qué se siente al perder a un hijo?”. Para que la llama no
se apague hemos visto no sólo en los magacines, que como sabemos tienden más al
entretenimiento, sino en los informativos, imágenes de Andreas Lubitz dando clases en una avioneta en la escuela donde
aprendía a volar, y he escuchado a los corresponsales de TVE contar cualquier
detalle del copiloto. José Carlos
Gallardo entra cada día en directo desde Seyne-les-Alpes para confirmar,
por ejemplo, que el impacto fue tan brutal que no ha aparecido ningún cadáver
entero, que los pasajeros fueron pulverizados. Si yo fuera un familiar de
alguno de esos viajeros el escalofrío y el dolor serían tan grandes como si no
lo fuera. Cualquier dato, por nimio que sea, tiene cabida en los informativos,
y por supuesto en los magacines. Los tertulianos que vemos a diario hablar de
cuestiones económicas, políticas, del clima o de terrorismo, se han convertido
en horas en expertos que hablan con más soltura que los pilotos sobre
aeronaves. De nuevo los platós de televisión se han llenado de aves carroñeras
que, subidas a la ola de la oportunidad, picotean sobre los cuerpos
desperdigados en un paisaje de difícil acceso. Menos mal. De lo contrario
veríamos centenares de cadenas instaladas lo más cerca posible de la zona cero.
El olor de la muerte sigue siendo irresistible. Tanto que el accidente de Germanwings
va a revitalizar esta zona de los Alpes franceses como destino turístico. Turismo
necrológico. Como suena.
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Cadenas de todo el mundo desplegaron sus equipos a la distancia que marcó la policía. Una putada, pudiendo haber metido el hocico en el mismo jodido centro de la tragedia. Tragedia que aún sigue interesando. ¿Cuánto ha interesado la brutalidad de lo ocurrido en la universidad keniana de Garissa, con un número similar de fallecidos, y sin restar ni un gramo de dolor al desastre de los Alpes?Tampoco pasa nada. De nuevo son cosas mías. |
El dolor banalizado
Desde el momento en que los medios, sobre todo la televisión, convierten el accidente en objeto de interés más allá del interés periodístico, la muerte, los muertos, la familia, el dolor y todo lo que rodea la tragedia es despojado del halo humano y se convierte en mero espectáculo, y el lugar del suceso en una romería, en un acicate para fomentar la gastronomía de la zona y llenar los hoteles. Verán. Hace unos días hubo una explosión de gas en un edificio del East Village neoyorquino con decenas de heridos y algunos desaparecidos. La explosión provocó columnas de humo y fuego. ¿Qué hizo un grupo de chicas jóvenes a escasos metros del accidente? Sacar un móvil, colocarlo en la punta de un palo, y hacerse una foto colectiva la mar de sonrientes con las llamas de fondo. Seguro que no es mala gente. Igual que no lo es la gente que acude en romería a Seyne-les-Alpes. Es más fácil. Han banalizado la tragedia. La han despojado del dolor. Es un divertimento. No quiero pensar que cuando el programa vespertino de La Sexta Más vale tarde invita al experto criminalista Jorge Jiménez para hacer “una autopsia sicológica de Lubitz” no lo haga de buena fe y sólo sea un divertimento que se monta alrededor de esta ola que arrastra decenas de muertos al salón de casa. La sangre tiene mucho tirón. No hay más que ver lo que ha pasado en las calles de medio país esta semana con la exaltación pornográfico religiosa de la muerte y el dolor. Y de nuevo, como ocurre en los platós, muerte y dolor banalizados, puro espectáculo, un show con vírgenes dolorosas y sangres benditas de cristos atados, azotados, y doloridos por puro amor, para salvar al prójimo. Y al turismo. Un dislate. Pero no todo está perdido. A veces la sensatez surge donde menos te esperas. Hablo del fiscal de Marsella, Brice Robin, que fue dando detalles de la tragedia “claro en la exposición, frío en la interpretación y paciente con los medios”, un análisis perfecto de Lara Siscar, la presentadora de informativos del Canal 24H, que así lo explicaba en su cuenta de Twitter. Que el show no pare, que la muerte tampoco lo hará.
La guinda
No es casual
Se llama Alejandro
Samanes. Al lector que no sea de Murcia le importará poco. Y al de Murcia
puede que también. Pero no tendría que ser así. Alejandro será el director de
la nueva televisión autonómica de Murcia. El Grupo Secuoya, que gestionará 7RM,
ha empezado a hablar, y a respirar. Desde el minuto uno. Alejandro Samanes fue
director de 13tv, la cadena ultra de los obispos. Así que, murcianos, que dios
os coja confesados.
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