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viernes, 19 de abril de 2019

Maldeojos. Juego de niños


Juego de niños
(Artículo publicado el domingo, 14 de abril, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Ya sabemos que el candidato a la presidencia del Gobierno por el PP dice a sus nenes que no aparece mucho por casa porque anda en un concurso de la tele. Pobres hijos de Pablo Casado, escribía aquí mismo hace unos días, al saber que el padre les miente también a ellos y que, aún peor y cruel, quizá ni gane el concurso. La semana pasada, en una entrega especial de la casa taberna cocina de Norberto Juan Ortiz Osborne en la que recibe a gente que se somete a preguntas chorras del cantante rancio de rancheras se celebró una cumbre al más alto nivel de representantes de residuos de grasas saturadas españolas, cumbre que contó además del papá mentiroso con otros concursantes, aunque la estrella fue, una vez más, el reconquistador barbado. La cumbre cuatrifachita, entre invitados y anfitrión, fue estrambótica, blanqueadora, maravilla catódica comparable al delirante chapoteo de la misma cadena, emisión matinal, en torno a la posibilidad de que la señora Isabel Pantoja apoyara con su presencia en Guadalix a Paquirrín –como así fue- por lo de GH dúo, que perdió. Veo asombrado por el ímpetu de la diatriba a unas señoras contertulias que sólo tienen su paralelismo en el encono que veo en La Sexta noche hablando de política. Descubro a una despatarrada Cristina Tárrega enfatizando sus opiniones con meneo de manos, requiebros de cabeza y, sobre todo, de unos labios triangulares que acentúan su natural ordinariez, y asisto compungido al declive, también comentado aquí, de Bibiana Fernández, que aún tiene chispazos de brillante verbo e ideas llamativas, como cuando dice, al ver que el realizador pincha un plano con todas las tertulianas, ocupando el centro de la pantalla el copresentador del programa, que son las hijas de Bernarda Alba al vestir todas de negro, siendo Bernarda Joaquín Prat. Hay quien se toma esta forma de pasar la mañana como un juego de niños. Yo lo intento, y de vez en cuando trato de ver estas pamplinas con mirada infantil, virginal, como si no supiera nada, pero me superan, no aguanto, me aburro a los dos segundos.

El obispo Drag
     También los de Polònia, que es de lo que trato de hablar desde el principio, programa satírico de la televisión autonómica catalana que el papá que concursa en un programa nacional dijo que podría cerrar si TV3 sigue al servicio del independentismo, fue de nuevo suplantado por su alter ego, el tío de la mula, que llegó parodiado por el actor Noe Blancafort –en lugar de Toni Albà, apartado de Polònia por un comentario insultante en Twitter a Inés Arrimadas- subido a su Babieca en un sketch simple pero delicioso. Con Dios, dijo el clon del conquistador subido al caballo, vengo para aparecer en un gag humorístico, pero no hace falta que me maquillen, no soy maricón. Oiga, que aquí no pueden entrar animales, respondió un trabajador viendo al henchido jinete en el pasillo, y el caballo tampoco, terció el clon de Joan Tardá. Hubo cierre de despachos, amenaza de despidos, envíos a la hoguera, y hasta exhibición de la pistola del líder de chiste de la extrema desgracia, dejando claro que TV3 echaría el cerrojo. ¿Un juego de niños? Mejor no mentar a la bicha, que la preña el primero que pasa por ahí. ¿Están encinta los concursantes, la presentadora, los llamados “coaches”, palabra tan ridícula como las terapias ilegales y clandestinas para “curar” la homosexualidad que forman parte del canon obsesivo del hooligan católico Juan Antonio Reig, alto mando de su iglesia en Alcalá de Henares? ¿Está preñado por alguien más que el Espíritu Santo este tipo que se viste con ropajes de la mejor “drag queen”? A lo que voy, que me acerco un poco, sólo un poco, al mundo de La voz ahora que llegó el miércoles a su final, y sigo viendo lo mismo. Un juego de adultos que no lleva a ningún sitio. Y a Paulina Rubio, una de las coches, sí, coches, no sólo sobreactuada sino desafinando. ¿Sólo a mí me rechina la oreja en los directos? A Paulina no me la creo, y eso que dice estar dejándose llevar por su corazón, y Antonio Orozco, otro foro coches tan hueco como una rueda sin inflar, ni me llega ni nada de nada. En fin, que La voz y sus hermanos de formato me parecen prescindibles, no han nacido para mí. Ganó esta edición el chico que cantaba en el metro, Andrés Martín, el elegido por el malagueño Pablo López. Levantó al público, hizo que la presentadora, Eva González, dijera mil veces que era una noche de emociones fuertes, y que en esta edición la protagonista de La voz ha sido la música –sólo faltaba que hubiera sido la horticultura-. Pues ni por esas. Este chico ya ha pasado al olvido. No me mola ese juego.

Gallifante al hijo
     De juegos, me quedo con el original de los niños. No soy nada mitómano, y nada es lo que digo, nada. Sin embargo, Juego de niños me trae ecos del comienzo, de mis principios como comentarista de este medio mágico, también presentado por Javier Sardá, ahora alternando ese puesto festivo –supongo que será la próxima semana cuando TVE, al fin, estrene esta nueva edición, con José Corbacho y el brillante Juan Carlos Ortega- en labores de comentarista político frente a verracos falsarios como Inda, entre otros. Claro que habrá gallifantes, y famosos que peleen por ellos adivinando lo que hay detrás de las descripciones, siempre desternillantes e ingeniosas, de un puñado de críos. Qué pena que este Juego de niños eche mano, entre los famosos, del pesadísimo y torpe y repetido Mario Vaquerizo, que ahora pasea su estulticia por algunos platós como escritor, sí, de libros, válgame el cielo, convirtiendo la literatura no en un juego de niños sino en burdo negocio. Se ve que el peaje que han de pagar los espectadores es muy elevado, aunque, y perdonen la comparación, no tanto como el de la anciana de la residencia madrileña al que unas cuantas hijas del diablo maltrataban, imágenes grabadas con firme frialdad de abogado por Francisco Polonio, el hijo de una de ellas, para denunciar el suplicio de su madre. Este juego de hijo ha recibido el gallifante esperado, que se descubra una verdad que hiela y paraliza el corazón más insensible.

 La guinda
Teo el sordo
Escucho y veo con asombro una entrevista en directo, teniendo de fondo la fachada de la catedral de Murcia, que le hace Xabier Fortes al candidato del PP Teodoro García Egea, y digo asombro, y rabia, y perplejidad de ciudadano atónito, porque esta gente, y no sólo él, quede claro, responde no lo que le preguntan sino lo que le da la gana. Por cierto, mal, muy mal, vergonzoso que Pedro Sánchez no debata en la tele pública.

viernes, 5 de abril de 2019

Maldeojos. El papa


El papa
(Artículo publicado el martes, 2 de abril, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     La entrevista de Jordi Évole al papa Francisco es la hostia –qué bien traída la palabra, perdonen la vanidad-, es la hostia más gorda que se le ha dado en este país a la derecha social, religiosa, política y económica en años, en muchos años. En mis años, muchos, muchos años ya de descreído religioso, de ateo, jamás había escuchado al clérigo con la más alta dignidad católica hablar y decir lo que dijo Jorge Mario Bergoglio –que será el ciudadano Bergoglio cuando de noche, en su cuarto, se quite el solideo y se convierta en pecador raso-. Por lo pronto, casi rozó el pecado al reconocer que se equivocó, da igual cuándo y cómo, eliminando de un plumazo la infalibilidad papal. Supongo que al tiempo que yo me emocionaba–realización austera, fotografía monacal, sintaxis clásica- los fieles de 13TV echarían espuma por su fe.

    Un rosario –otra palabra bien traída- de titulares se podrían engarzar para que algunos no se despistaran. Aquí van algunos. Quien levanta un muro termina siendo prisionero del mismo, es mejor construir puentes. El mundo se olvidó de llorar –sobre las concertinas-, demostrando nuestra inhumanidad. Que lean el Evangelio aquellos que rechazan a los inmigrantes estando Europa hecha de gente migrante. África se independizó del suelo para arriba, pero sigue estando colonizada abajo, donde está su riqueza. Algunos medios tienen un amor ciego a la coprofilia, a lo sucio. Claro que hay que denunciar los abusos sexuales en la iglesia. Claro que es un derecho encontrar y dar sepultura a los muertos. Aborto, feminismo, emigración, homosexualidad, capitalismo, y Messi. Maldita La Sexta, maldito Salvados. ¿Maldito Francisco?

jueves, 5 de abril de 2018

Maldeojos. La Legión y eso


La Legión y eso
(Artículo publicado el martes, 3 de abril, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Ya pasó lo peor. He dejado unos días para atemperar ánimos, para no reproducir la mala hostia que se le pone a uno no con el trasiego de pasos sobre los que se exhiben figuras de la iconografía católica, apostólica y romana en cuya fe se reconocen muchos de mis semejantes, llegando al delirio de sus emociones en los siete días, y quizá con sus noches, de la semana pasada. Hasta ahí, perfecto. Cada uno cree en lo que quiere y lo manifiesta de la mejor manera. Faltaría más. Incluso puedo entender que las calles se corten, que el despliegue de esculturas en volandas termine agobiando a todo el mundo, incluidos a los no creyentes. No pasa nada. Hay otras celebraciones con menos tirón popular que hacen lo mismo y hay que aguantarse. Más o menos de esto se habló la otra mañana en Espejo público, Antena 3.

     Pero hubo un matiz, que ya no es el matiz sino material grueso, estructura de país, de Estado. ¿Por qué sigue maridándose el Estado con la iglesia católica, por qué se sigue fomentando esa mezcla que debería de estar más que separada? ¿Por qué hay que ver con normalidad lo que es anormal en un país que se dice aconfesional? ¿Por qué TVE, La mañana, conecta en directo como no conectó con las marchas de las mujeres el 8 de marzo o con la de los pensionistas y sí lo hizo para ver cómo cuatro ministros, la mitad del Ejecutivo, se van a Málaga a besarle los pies a un Cristo, sea de muerte buena o de infarto? ¿Por qué La Legión, que es Estado, forma parte de una fiesta religiosa? Elisa Beni se hacía estas preguntas, pero el resto de tertulianos, encolerizado Marhuenda, desatada Carmen Pardo, se la comían. Esto no tiene arreglo. O sí. A ver cuándo.