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miércoles, 20 de febrero de 2019

Maldeojos. Arusitys 113


Arusitys, 113
(Artículo publicado el domingo, 17 de febrero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Si mis cuentas no fallan, el programa de Alfonso Arus en la temprana mañana de La Sexta lleva 113 programas. Parecen pocos, pero en este negocio no es así. Hay formatos que se quedaron en eso, en el estreno y poco más. Arusitys llegó a La Sexta en el mes de setiembre de 2018 para amenizar las mañanas de la cadena con humor. Ya hay que tener ganas de llegar al plató antes de las siete de la mañana y ponerse en modo chistoso. Así es. Arusitys enciende las luces a las siete y media y las apaga a eso de las once, cuando el testigo pasa al hombre aspa, que desde el segundo uno empieza a meter presión informativa y hace de una encuesta del CIS una bomba de relojería, de un mitin del tío del caballo un acontecimiento planetario, del último viraje a la extrema derecha de Pablo Casado, el vendedor de dentífricos, un paro cardiaco. Qué energía, Antonio, qué energía, Ferreras. Desde que se estrenó Arusitys he seguido el programa con altibajos, pero no por desinterés sino por picotear en otros gallineros a la misma hora. Lo que no falla, lo que no ha variado en estas 113 citas, es el morenazo o lo que sea que lleve en la cara el presentador, entre tostado y naranja como un Trump calvo. Si Alfonso Arús se maquilla con ese tono, ha de levantarse una hora antes para que lo embadurnen con esa plasta compacta, y si es tostado de máquina, la factura de la luz será apoteósica. Sea lo que sea, hasta Arús hace chiste con su adicción al bronceado. Fue el pasado año, en El intermedio, cuando Wyoming bromeó con esta dependencia diciendo que el catalán es negro como Luther King, a lo que Arús respondió que era más negro que el negro con su enorme sonrisa, otro de los misterios que lo enlazan con otro grande de la tele, el provecto, eterno, matusalén de la pantalla, viajero del tiempo Jordi Hurtado que, como Arús, es capaz de hablar con los dientes apretados sin dejar de sonreír. Arús, igual. No sé si en casa hará lo mismo, si con sus amigos y familiares hará lo mismo, pero en la tele sí. En cuanto se enciende el piloto rojo, Arus enciende su sonrisa y así se pasa las casi cuatro horas de programa. Que termina con agujetas en los carrillos no tengo duda. A veces me carga, la verdad, pero Arusitys es algo más que Alfonso Arús.

Goya al jinete
     El programa mezcla la parte más divertida de la política, del deporte, de la propia tele, incluso echando unas risas con programas de la competencia como Gran hermano, que tiene mogollón de razones para troncharse con las barrabasadas de sus patéticos, fatuos y necios encerrados, y por supuesto con la sopa boba que cae en el sumario con el maná de las redes sociales, de internet, donde hay vídeos de todo tipo, material que Arús lleva usando desde que en los 90 del siglo pasado presentara en Antena 3 Al ataque. De golpe aparece en pantalla Pilar Gutiérrez no en Arusitys sino en Espejo público, magacín que a veces vira y se convierte en un programa de humor tronchante. A la señora Pilar la han llamado “la mujer más franquista de España”, y de verdad que la tía tiene su chispa. Lo último que ha expelido su delirante imaginación es que ha llegado el apocalipsis y ha empezado en su casa porque en los últimos días de tormenta y viento desatado un puto pino cayó sobre ella, válgame el cielo. Para redondear el gag, la voz de Gonzalo Gans. No es una voz cualquiera. Es una voz de ultratumba, una voz no profunda sino telúrica, surgida del núcleo de la tierra, de la primera arena de la masa del planeta. Gonzalo Gans merece un aparte. Este madurito apuesto, de pelo azabache y ensortijado, fue pescado en las aguas procelosas de Intereconomía, la tele de Julio Ariza que está más a la derecha que todas las derechas que en el mundo son. Gonzalo Gans presentaba nada menos que un clásico de las tertulias zombis, El gato al agua, como lo leen. Cuando se despidió del equipo del programa para saltar a Espejo público lo hizo con un discurso emotivo que el jinete de la derecha testicular sólo podría calificar como impropio de machos, lleno de lagrimitas de monja. ¿Quién ocupa ahora su puesto en ese púlpito gatuno? Pues José Javier Esparza –ex comentarista de televisión, culto y cachondo-, la princesa de Éboli con barba cana. Arusitys tiene que estar pendiente de El gato al agua porque te montan unos circos memorables. El último, la entrega de un Goya a Santiago el reconquistador para burlarse de la gala de los premios de nuestro cine, a la que no fue invitado ningún representante de su clan. Y allí estaban en el plató gatuno tíos como castillos haciendo el teatrillo del Goya.

A banderazos
     Lo dicho, si Arusitys quiere materia dura, que mire de vez en cuando las tertulias de esta basca. No decae. El pollito Pablo Casado –felón, traidor, ególatra, ridículo, y okupa, ya saben, le dijo al “vende España” Pedro Sánchez- se queda en aprendiz comprado con lo que se dice en el plató de El gato al agua, que ha visto en la irrupción del tío del mulo el mesías verdadero que salvará a España de sus males. Arús, hurga en las tertulias de esta peña. Lo agradecerás. No falla. Tampoco Leonor Lavado, a la que descubrí ahí, en Arusitys. Imita personajes cuanto más cutres mejor. Los borda. De las cochineras de Telecinco tiene unos cuantos, y todos rozan la excelencia. En los guiones de Arusitys, como es lógico, la actualidad entra a saco filtrada por el humor. Y la manifestación de la banderita del domingo pasado en Madrid no podía escapar a esta lógica, con momentos de gloria que no se los salta ni el jinete ese. Resulta que el ingenio patrio no desfallece, y el de los gaditanos es un potro desbocado. Contaron en Arusitys que seguidores del Cádiz aprovecharon los autobuses gratis, fletados por el PP, para irse al fútbol y ver el encuentro del Cádiz contra el Alcorcón mientras Santi, Pablito y Albertito se peleaban ante el gentío por ver quién la tenía más grande –la bandera- y cómo no aparecer en la foto unos al lado de los otros. Como al Gobierno sin presupuestos de Pedrito le quedan dos telediarios, Arusytis tiene mecha para rato. Anda que con el juicio del “procés”.
La guinda
Raquel, al paro
Lo siguiente que TVE va a hacer con Lo siguiente es retirarlo de la parrilla, y será el mes próximo. ¿Conocen el programa? No me extraña. Presentado por Raquel Sánchez Silva tras el Telediario de la noche, compitiendo con El intermedio o El hormiguero, Lo siguiente no ha conectado con el público. No tiene entidad. ¿Y si TVE le echa valor y pone en su lugar Ese programa del que usted me habla –ahora en La 2-? Qué chute.

sábado, 22 de septiembre de 2018

Maldeojos. La Sexta, a pajera abierta


La Sexta, a pajera abierta
(Artículo publicado el domingo, 16 de setiembre de 2018)

     A rulo, sin descanso, sin cesar, un todo continuo, a pajera abierta. Así es lo que estamos viendo en la parrilla de La Sexta. Se enciende el piloto rojo de la cámara en el plató de Arusitys a las siete y media de la mañana y no se apaga hasta pasadas las diez y media de la noche con la última maldad de Wyoming en El intermedio. En mitad, entre una y otra hora, una programación que mantiene a su audiencia pegada a la pantalla en directo y sin desmayo, enlazando magacines, tertulias, informativos, entretenimiento, humor, y más informativos, y más entretenimiento. Y más periodismo, asoma por la esquina de la pantalla Antonio García Ferreras, que conecta con Pastor, con Ana Pastor, que casi no lo escucha porque tiene que poner mil quinientos mensajes de Twitter antes de decir ese dato es mío, Ferreras, no me lo quites, cabrón, que te corto una mano y te dejo más cojo que las aspas del molino que destrozó Don Quijote en su delirio contra los gigantes y cabezudos manchegos. Tampoco para quieta doña Ana. Y en directo, cosa de familia. La esfinge Ana Pastor, no sin mi móvil, apareció la semana pasada en el palacio de la Generalitat en un plano enfático que la convirtió en una diosa rojísima cuyo pantalón de anchos perniles barría el suelo de haberse movido, pero las estatuas no se menean. De hacerlo se rompe el encuadre, y el fondo gótico del testero de atrás no haría su función. En todo caso, cambian de palacio. Si hace siete días El objetivo se fue a Barcelona, hoy se monta la pista en La Moncloa. Si ayer fue Quim Torra, hoy es Pedro Sánchez el deseado –cinco años detrás del hoy inquilino del palacio-.  Y todo, en riguroso directo. Un sin parar, un sin vivir, un sin aliento, más periodismo, ay, cuándo verán Ferreras y Pastor a su hijo. La pasta es la pasta. Como Las Campos, qué narices.

Manteca para untar
     Yo que Las Campos, cuya matriarca está de los nervios porque Vasile el insensible no le da el programa que merece, un informativo como dios manda, un magacín para mandar a su casa a Ana Rosa Quintana la mudita, una tertulia seria para dilucidar de una vez por todas las operaciones, enfermedades, enganches, amoríos y lo que convenga para que el espectáculo no decaiga, en fin, todo eso, y si no, ahí va mi propuesta. Al igual que La Sexta no apaga el piloto rojo, María Teresa Campos tiene rollo para rato por sí misma, por sí misma y sus niñas, claro. La operación para rebanar la papada de Carmen Borrego no dará las mismas horas que la boda de Belén Esteban, que dará para -creo que es el año que viene- que la casadera llore, grite, se pelee con su novio, se vuelva a juntar, amenace con irse, amenace con volver, valeeee, la papada de la hija de Maritere no es la boda de la Princesa Chabacana, es verdad, pero sí para que uno esté a punto de vómito. Verán. La gran Leonor Lavado, en Arusitys, decía el otro día que le han quitado tanta manteca a la Borrego que la familia podría meterla en una orza e ir untándola en las tostadas de la mañana durante un año. Ay, dios, aparta de mí esa imagen. Menos mal que he levantado la mirada del ordenador para tomar aire y no echar la pota y he visto a un lelo David Bisbal anunciando no sé qué compañía de telefonía móvil, o quizá un friegasuelos, tal vez laca para los rizos, parodiándose a sí mismo con tanta naturalidad como unos reyes esforzados en ser naturales y cercanos y cotidianos que llevan a su Leonor de Borbón al colegio para que el pueblo diga, mira, como tú y como yo, ni rey Felipe ni reina Letizia, sólo papá y mamá. Pues eso, Bisbal igual de natural dando un pingo en el anuncio diciendo “ay, fibra mía, cuándo serás mía”. Luego hace un chasquido, guiña a cámara, y pergeña algo que parece una sonrisa. Sólo el chichi pelado de Aramís Fuster en GHVIP se codea en repulsión con la manteca de la Campos y la mueca de Bisbal.

Ana Rosa, bonita
     Quien ha tirado, una vez más, la toalla no sólo del directo sino de las mañanas es la directa competencia de La Sexta, Cuatro, que a la hora en que se emite o Arusitys o Al rojo vivo, ella se columpia con sesiones soporíferas de series yanquis de saldo. El pulso y el descaro de Al rojo vivo hace que su audiencia casi roce el cardado de cemento de Ana Rosa, que esta semana volvió a sentar su seta en el plató aparentando dar la cara por la historia de su marido –detenido este verano, luego puesto en libertad sin medidas cautelares, acusado de extorsión con la ayuda del ex comisario José Manuel Villarejo-, aunque lo que pidió fue paciencia, “mi marido está colaborando con la justicia, dejemos que jueces, fiscales y abogados hagan su labor”. Claro, bonita, ¿lo haces tú cuando el encausado, mirado, estudiado, vigilado, acusado, sorprendido con el carrito del helado no es tu santo? Pues eso. Pero si la mañana de La Sexta pone al rojo vivo los pilotos de las cámaras, la tarde no es menos -Mario López, director de cadena, lo tiene claro, y por eso dice que su apuesta por el directo no tiene vuelta atrás-. Después del informativo de Helena Resano llegan los gamberros de Zapeando –menos la presencia semanal e inexplicable de un botarate, del espantajo Josie, todos los colaboradores son un cielo que endulza la sobremesa-, y luego vuelta a la información diversificada que ofrece Mamen Mendizábal en Más vale tarde, que enlaza, sin apagar el directo, con otra hora de informativos hasta la llegada de El intermedio, que se crece con patéticas pataletas como la denuncia de la Fundación Franco -¿quién coño conocía a esta gente?- por las coñas que se traen con la momia del tito Paco.  ¿Y el fin de semana? También regado con directos –desde La Sexta Noche con Iñaki López el sábado, a Liarla Pardo, hoy, con Cristina Pardo, a ver si en la temporada que hoy comienza afinan los contenidos, ajustan los colaboradores, y encuentran el norte y de verdad la lían pardo, que en la anterior no fue así. Venga, Cristi, suéltate, pero de verdad, a pajera abierta, como los directos de tu cadena.

La guinda
Toñi Prieto
No la conocemos, pero sí sus decisiones. Toñi Prieto es la directora de entretenimiento de TVE. Ha sido llamada a declarar por el caso la rueda de las televisiones, chanchullo por el que algunos directivos de cadenas cobraban derechos de autor. ¿Y? Pues que el Telediario 2, presentado ahora por Carlos Franganillo habló de esa imputación. ¿Y? Pues eso, que hace unas semanas este tipo de informaciones era impensable en La 1.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Maldeojos. Arús con leche y gasolina


Arús con leche y gasolina
(Artículo publicado el domingo, 9 de setiembre, en diarios del grupo EPI PRESS)

     A ver si a la vejez me va a gustar Alfonso Arús. Lo digo porque nunca me gustó. Lo repito. Nunca. Y no me pregunten por qué. Es de esos tipos a los que se les toma ojeriza sin conocerlos de nada, o sea, como se conoce a la gente de la tele. Como se te atraviese alguien en el gaznate, malo, ya no hay pizca de pan que te ayude a tragar la bola. No me pregunten por qué, pero a lo largo de los años, muchos, que llevo comentando cosas de la televisión, he ido acumulando una lista, aunque no muy gorda, de gente a la que no trago. Es verlos y me enciendo. Me pasa con Paz Padilla. No puedo con ella. Como comprenderán, no es cosa personal ya que no conozco a la señora, ni falta que me hace. Digo que no la trago si asoma su jeta por la pantalla. Da igual lo que haga. Da igual que presente Sálvame y suelte sus sandeces o se tire en el colchón de látex junto a Joaquín Prat o aparezca estos días anunciando el regreso de Mi casa es la tuya, agarre como si fuera un pollón el zapatazo de Bertín Osborne, y con voz de deseo diga “ay, dios mío, si todo lo tiene así de grande”. Pues nada, es más, lo que en otros podría hacerme gracia, cuando lo dice esta potranca me repele. Me pasa con Santiago Segura. Que no, que no hay forma, que no me lo creo, que siento que es un farsante, que no me creo sus caras, que me aburre su ego al revés, es decir, tiene un ego que se lo pisa jugando a no tenerlo, es decir, haciendo como que es consciente de sus carencias, haciendo como que se ríe de ellas, pero qué va, el tipo es arrogante y no soporta que le desmonten la farsa. Nada, no lo trago. Me pasa con el abominable señor de Olvido Gara. No soporto a Mario Vaquerizo. Es tanto el repelús que ni siquiera voy a dar razones. El dios de la tele y La 1 me vuelven a castigar metiéndolos en la presente edición de Masterchef celebrity que hoy arranca. Digo que no soportaba a Alfonso Arús, que es a donde quería llegar. No me gustaba el humor que hacía en los noventa. Ni él. Era otro de los que asomaba sus dientes encalados por la pantalla, en contraste con su morenazo a lo Trump antes de Trump, y salía cortando. Ahora, después de siglos de no verlo, aparece en las mañanas de La Sexta -¿hay que decir madrugadas?- haciendo lo que venía haciendo en una tele catalana. Su regreso se llama Arusitys. Y sí, se ríe igual. Y sus dientes me siguen dando tiricia en contraste con su piel achicharrada de rayos uva, maquillajes y barnices.

Grande María Llapart
     Pero venga, pongo el contador a cero a ver qué pasa. Me pongo a ver Arusitys, que llega a la cadena como extraordinario telonero de Al rojo vivo, como telonero de don Antonio García Ferreras, más periodismo.  ¿Puedo volver un segundo a mis horrores favoritos? Puedo. Que dice Rafael Amargo –el de Granada, el bailarín, según él bisexual y hetero, entero y redondo, ni maricón ni gay, o sea, dios y el diablo, el tonto del pueblo y el listo del geriátrico, el que asegura que dirigirá un ballet de los gordos y se lo venderá a una televisión privada como si fuese un Gran Hermano- que si él hablara “habría un golpe de estado, pero nunca lo haré, por eso repiten conmigo –hasta los presidentes de Gobierno, así que sí, ya ha habido en España un presidente gay”-. ¿Este tío es tonto, o es una vedete de tercera que necesita armar lío para que hablen de él y vender lo que en ese momento tenga en el mercadillo? Desde que lo vi como concursante en Expedición imposible, concurso de viaje, esfuerzo y aventura presentado por Raquel Sánchez Silva en Cuatro, por tierras de mi amado Marruecos, se me hizo una bola así de grande con el enfermo ego de este señor de la escuela de las viejas folclóricas que confunden lío, pose y larga lengua con espectáculo, trabajo y promoción. Se acabó. Que llega puntual a su cita Alfonso Arús cargado de colaboradores, mejor, colaboradoras, y desde el preciso y milagroso instante en que se enciende la luz roja de la cámara hasta que se despide a las 11 en punto de la mañana para dar paso a María Llapart –maravillosa hasta el viernes  al frente de Al rojo vivo- , no para, no deja de sonreír, bueno, lo que quiera que sea ese gesto entre me aguanto la cagalera y si yo me divierto, aquí se divierte hasta el que pone el culo. Cree uno, en su humilde opinión, que terminará con un dolor de quijada tremebundo. A mí me duele sólo de verlo.

Españoles, Franco ha vuelto
     Pero sí, me gusta el programa. Es ameno, es divertido, tiene una agilidad de liebre, y se nota que la peña que lo forma lleva tiempo conociéndose. El programa es un reló suizo, un coche bien engrasado, un espacio cohesionado donde fluye el buen rollo. Y eso llega a casa. Y tiene a Leonor Lavado. Para mí, un descubrimiento. Sus libres recreaciones sobre petardas como Tamara Falcó –el otro día habló de “mi mami y de Mario Vargas Sosa”-, Terelu Campos la come porras, la absurda, lela y cortita Isa Pantoja, o la ridícula y chabacana Belén Esteban son un momento de alta televisión que come televisión, como otra de sus secciones, que se fija en lo que la noche antes ha hecho Wyoming en El intermedio, que a su vez ha contratado al cadáver amojamado de Francisco Franco como colaborador habitual ya que, así lo sabemos en este país desde hace unas semanas, “españoles, Franco ha vuelto”. Plagado de decenas de secciones –sobre la propia tele, sobre actualidad, sobre el tiempo, sobre vídeos a los que se les saca punta, vieja especialidad de Arús, o sobre deportes- y en un tono distendido, Arusitys es un despertador de primera con una oferta distinta a lo que se ve a la misma hora en el resto de cadenas. Me gusta. También es cierto que Íker Jiménez, incluso ayudado por su medio aguacate Carmen Porter, debería averiguar dos misterios en Arusitys. Uno, ¿está Alfonso Arús más enganchado que Lidia Lozano a la tanorexia, incluso más que Donald Trump al bronceado caca anaranjada? Y dos, ¿es cierto que ni Alfonso, que no Alfons, como corregía a los colaboradores su media papaya Angie Cárdenas –sí, la hermana de-, ni su equipo, toma gasolina con la leche del café para tener la marcha que tienen?

La guinda
Todos vuelven
En tromba. El lunes llegan en torrentera. Tanto a las cadenas gordas –Ana Rosa, a la que habrá que vigilar a ver si habla de los líos de su marido- como a las flaquillas que aspiran a gordas –como Ferreras a La Sexta-. Y también la banda de humoristas que hacen de #0, la de Movistar, una tele de rechupete. No es para menos con tipos como Andréu Buenafuente, David Broncano, o Javier Coronas. Empieza la función.