martes, 25 de agosto de 2015

Maldeojos. Lina



Lina
(Artículo publicado el sábado, 22 de agosto, en periódicos de EPI PRESS)

      Hacía girar la pata sobre el escenario, sumía sus mejillas para poner labios chiquitos, de muñeca graciosa, y el teatro se veía abajo. Yo la vi. Tuve la suerte de verla allí, sobre el escenario de su teatro, La Latina. Fue uno de sus éxitos personales. ¿Qué artista compra un teatro para no tener que mendigar un estreno? Lina Morgan lo hizo. Ganó dinero, y lo ganó a espuertas trabajando en lo que siempre quiso, en el teatro, y no como vedette, cuyo cuerpo, estatura, y rostro no respondían al canon sino como actriz cómica, figura rara en un mundo en el que hacer reír, también, es cosa de hombres. Lina Morgan elevó la caricatura, y lo grotesco a veces, a categoría sublime, a la cumbre de lo exquisito por su delirante ejecución. Fue única. Creó un personaje que ha muerto con ella. Era una gran payasa.


      Teatro, cine, televisión, nada en el espectáculo le fue ajeno. Y siempre atada a su otro yo, a ese personaje entre derrotado y astuto, entre perdedor y avispado. Un Charlot con faldas. Gracias a mi amistad con Víctor Andrés Catena, granadino, hombre de teatro que luchó por desempolvar la rancia escena española, creador de la revista Caracol y que apostó por casar a los clásicos con la vanguardia, conocí a Lina en el estreno de “Celeste… no es un color” –sí, Catena se pasó a la comedia y dirigió las obras de la cómica-. Fuera del escenario se derretía Lina Morgan. La que te saludaba con educada pero distante cortesía era María de los Ángeles López, señora de una elegancia precavida, dejando claro que su personaje existía en el escenario, y que su persona era un tesoro reservado. Apenas se sabe de la vida privada de María. Como ella quiso.

Rara imagen de Lina Morgan caracterizada como Morgan Freeman. Y da el pego. Siempre lo tuvo claro. Su vida fuera del escenario fue cosa suya. Nunca concedió entrevistas "personales". Su personaje acababa cuando las luces se apagaban. Otras de su generación hicieron de sí mismas un mamarracho, fueron sus peores enemigas. Lina Morgan mimó el mito.

lunes, 24 de agosto de 2015

Maldeojos. Viajar



Viajar
(Artículo publicado el jueves, 20 de agosto, en periódicos de EPI PRESS)

       En el canal Viajar se tiran el día emitiendo un programa, un solo programa, Ciudades del mundo. Algún espectador me podrá decir que exagero, que en Viajar también ponen algún que otro programa. Llevan razón. Es tan falso, exagerado y simple como decir que Telecinco sólo emite un Sálvame eterno, sinfín. ¿Decir eso es exagerado? Ciudades del mundo, de canal Viajar, es otro programa sinfín, un no parar, un enlazar ciudades de Marruecos con ciudades de Turquía y luego de Perú o Francia y Noruega. Y así toda la tarde. Creo que es una serie para el verano. Serán 108 ciudades de 32 países. Al canal le sale la cosa más que barata. Nada de expertos en arte, gastronomía, historia o economía del país, de la ciudad en cuestión. El equipo es un cámara y poco más. El resto lo hace el anfitrión, un español que vive allí y que nos cuenta lo más destacado.


      Por eso la narración tiene el encanto de lo cercano, de lo contado por un amigo que se esmera en enseñarte su ciudad, pero la certeza del tópico, que si el cuscús marroquí y el regateo en los zocos o los mega yates en la isla de Capri. Obviedades. No hay un interés por analizar sino por exponer de la forma más popular. Es como quien te invita a ver un álbum de fotos bonitas donde la gente en vez de estática, se mueve. El reportero no es más experto, ni se esfuerza en parecerlo. Hace preguntas de primero de viaje. ¿Alguien extranjero puede entrar en las mezquitas?, ¿es peligroso Marruecos?, ¿se utiliza mucho el funicular?, y así. Por cierto, tengo la sensación de que la mayoría de anfitriones, de guías, son de Murcia, llámenme loco. Su forma de hablar es inconfundible. Pero esos datos no los dan. Mal hecho. Ah, sí, sí consiguen despertar tu interés para viajar.

domingo, 23 de agosto de 2015

Maldeojos. La plasta



La plasta
(Artículo publicado el martes, 18 de agosto, en periódicos de EPI PRESS)

      Ya hubiera querido firmar un artículo de opinión tan rotundo y poderoso como firmó lo que pensaba de aquello el burro que llevaron a Telecinco para hacer sus gracias. Puso la pata en el plató y zas, se cagó. Echó una plasta morrocotuda, sin fisuras, sin andarse por las ramas, sin medias tintas. Echó una mierda así de grande. Burro listo. Uno lleva años dándole vuelta a las palabras para hablar de Telecinco, cuya programación es la misma sea la hora que sea, sea el día que sea, sea la semana que sea. No cambia. Todo pivota sobre la misma idea. Estrene lo que estrene, se llame como se llame, el programa es el mismo de siempre. Por ejemplo, terminó Gran Hermano VIP, pero apenas le quitaron el maquillaje a la ganadora y sin ventilar la cloaca donde convivieron, la cadena ya tenía lista otra yeguada para enviarla a la isla de los Supervivientes.

      Sé que hace nada terminó esa patochada, y que hubo un ganador –ni me molesto en ver su cara, en saber su nombre, en conocer su hazaña, en averiguar quién puede ser-, y que la cadena barrió en audiencia, y que esa audiencia tiene mono porque al quedarse sin la dosis de alto veneno es capaz de cualquier cosa, incluso de ver otra cadena o, peor aún, apagar la tele durante el verano. Telecinco no lo permitiría. Muerta la mierda gorda de los robinsones de pacotilla, repuesto idéntico estiércol. Se llama Pasaporte a la isla. 10 concursantes que sólo conocen los muy fieles de la factoría de mojones compiten por concursar en la próxima edición de Supervivientes encerrados en una casa. Es el premio. En vez de Jorgeja o La Merche, Jordi González es el presentador.  El burro que se cagó en el plató de ¡Vaya fauna! hizo la crítica más certera, la que uno siempre soñó. 
 
El burro opinó a los pocos minutos de entrar al plató. Dejó su opinión estampada en el suelo. Una mierda de cadena y de programa. Vaya fauna.



sábado, 22 de agosto de 2015

Maldeojos. Calleja flipa



Calleja flipa
(Artículo publicado el domingo, 16 de agosto, en periódicos de EPI PRESS)

      El aventurero leonés Jesús Calleja, de aventura tan extrema como, a veces, majara, se ha dejado este verano de climas extremos, montañas nevadas y tan altas como las barbas de dios, o lagunas en las tripas de la tierra para mirar un poco a nuestro país, y por eso lleva semanas recorriendo ese pelotazo que es hacer El caminito del rey, en El Chorro, de Málaga, un camino de vértigo en la ladera del desfiladero de Los Gaitanes, visitando lo que queda de las minas de Riotinto, en Huelva, para lanzar a la estratosfera un globo de helio implicando a los vecinos, o dándose un garbeo por Tenerife, lugares distintos, de distintas latitudes, pero con un denominador común televisivo. Jesús Calleja recorre parte de esas zonas desde un helicóptero, dando sentido al nombre del programa que emite Cuatro los domingos, Volando voy.

      La gente de la zona vive con pasión la llegada del equipo, y en cada programa se usa algún artilugio de última generación, desde drones a impresoras 3D, el mentado globo o cámaras ultra sensibles, avances con los que sorprender a los habitantes de los lugares con una proyección final, como cuando llegaba el cine a la aldea. Volando voy sabe entretener. Y Jesús lo hace bien. Pero a veces se le va la pinza. En su afán por conseguir a Pablo Iglesias o Íñigo Errejón, y ante el silencio de los políticos, ha concluido que no ir a su programa –Planeta Calleja, Volando voy, el que sea- es un rasgo de soberbia que echa por tierra el mantra de que Podemos es pueblo y está cerca de él. Para, Calleja. ¿Quién es el soberbio? ¿Son los únicos políticos que te han dado largas o calabazas? 

Imagen del Volando voy dedicado al Caminito del Rey, en El Chorro, Málaga, uno de los circuitos volantes, sobre el abismo de la montaña, que más atrae al personal. Algún día habrá que hacerlo.

viernes, 21 de agosto de 2015

Maldeojos. Picazo y la costa



Picazo y la costa
(Artículo publicado el sábado, 15 de agosto, en periódicos de EPI PRESS)

      Del Cantábrico al Mediterráneo o el Atlántico, de Mundaka a Tabarca, de Cabo de Palos a Sanlúcar de Barrameda o Cadaqués. Así se las gasta este verano en La 1, la noche de los lunes a horas de petardeo o vasito de ponche y a la cama, Mario Picazo, el hombre del tiempo de Telecinco. Bueno, ex, que lleva tiempo fuera de sus dominios. Desde que no está en la órbita de Mediaset Mario Picazo ha ido haciendo sus cosillas en la tele, casi todas relacionadas con el clima y sus efectos. Pero cuando estaba bajo el zapato de esa factoría de purines Picazo llegó a presentar una edición de Supervivientes y luego el concurso ¡Clever! junto a Emma García, antes de que esta señora se especializara en el manejo de humanoides atacados por la silicona, los anabolizantes y la inanidad cerebral. Más tarde Mario Picazo nos regaló, también en TVE, Climas extremos.

       Ahora regresa con Costa España, nombre que apenas necesita explicación. Es eso, un recorrido festivo por nuestras costas con la idea de descubrir “alguno de los rincones más bellos del litoral español, así como sus tradiciones, cultura y gastronomía”. Dicho así es lo de siempre, llámese Costa España, Un país para comérselo, Cocineros al volante o Cocina2, y cambiando el protagonismo de la cocina por otros alicientes. Es un programa de viajes que busca personajes curiosos, lugares de ensueño, curiosidades del terreno, historias y leyendas, platos típicos. Pablo Picazo tiene el don de la empatía natural, y sabe ser uno más allá donde va, sin imposturas ni paternalismos. Y eso salta de la pantalla al espectador. Imperdonable es que se emita pasada la 1 de la madrugada. 

Una imagen de una de las entregas de Costa España, con Mario Picazo de anfitrión, de guía de este viaje por las costas españolas.